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Alejandro Bonilla y su ‘Momento bien’

Alejandro Bonilla es —como a él le gusta decir— tranqui. Tiene un corte de pelo despreocupado: los rizos se acomodan libremente sobre su cabeza, anda una camisa de botones holgada y luce el look del desenfado por excelencia: sandalias con medias. Su casa refleja esa misma tranquilidad: las paredes tienen un color entre crema y rosado, huele a jabones artesanales y una música atmosférica rellena el aire.

Alejandro es animador porque le gusta dibujar. Su animaciones tienen mucho de eso: dibujos a mano, trazos sueltos, gestuales, tranquis.

De mano del cortometraje Momento bien, Alejandro participará por tercera vez en la competencia MADE IN COSTA RICA del Festival shnit San José. En 2014 ganó el Premio del Jurado con Funeral y en 2017 participó con Chávez en la foto, ambas animaciones.

Fotograma del cortometraje ‘Momento bien’

A Alejandro le gusta bromear con que Momento bien nació para comer gratis. En 2017, antes de la inauguración de esa edición del shnit, fue a comer sushi a un restaurante chino. “Comer sushi en un chino es una decisión rarísima, o sea, no necesariamente va a estar bien.” No fue una gran elección: el menú no traía el impuesto de ventas ni el costo por servicio así que terminó pagando más de lo que creía por una comida cuestionable. Luego “entramos a la inauguración y ¡hay sushi gratis!, todo delicioso y estábamos llenísimos y puteados como: ¡mae, nos perdimos esta vara! Entonces tenía esta broma: voy a hacer un corto para ir a comer gratis la próxima vez en la inauguración. ¡Ahora me mato si no tienen sushi!”

Momento bientrata sobre una fiesta que, en sus palabras, “está hecha para que todo salga bien, pero no: sale mal”. Su corto es una animación minimalista, dividida por viñetas y guiada por una voz en off. La narración, con su sello personal, está diseñada para que parezca un audio de Whatsapp. “Es empujar al público a la intimidad de darle play al audio de un amigo que te está contando una pequeña historia”.

Las imágenes siguen la voz a su ritmo. Eso es lo que le gusta a Alejandro: dibujar ese hilo de pensamiento que se estira mientras una persona habla. En dos minutos convierte una narración anecdótica en una representación hiperbolizada de lo que atraviesa el personaje en una mala noche.

Sentado en la sala de su casa, a pierna cruzada y con una taza de café, Alejandro conversa sobre su carrera, el dibujo y Momento bien.

Leí que te sentís más influenciado por el cine que por la animación, ¿de dónde viene eso? 

No sé, eso es como pura costumbre. En mi casa veíamos muchas pelis. Teníamos un familiar que tenía un video de VHS, entonces a cada rato íbamos a alquilar. En algún momento mi interés cayó directamente en el cine, en tendencias de cine experimental, en ver de qué manera la gente abordaba el cine en otros lugares porque tal vez yo solo estaba acostumbrado al cine de Hollywood. Con esos pasos hacia afuera sentí una gran tradición de cine no convencional pero todavía con ciertos aspectos muy entretenidos que me gustaron mucho. A pesar de que sí consumo animación, cuando relaciono mis ideas, cuando pienso en las influencias que tengo, es más rico para mí tener esta referencia de películas: las formas de edición, los encuadres, desarrollo de personajes. Ha sido menos una decisión y más como que me doy cuenta: mirá, la mayoría de veces, cuando me hago una pregunta, la respuesta viene de esta peli de cine que vi y no de animación.

Te gusta tomar audios o narraciones orales y convertirlas en animaciones. ¿Qué te atrae de rescatar y animar estas historias?  

En el fondo, yo siento que estoy haciendo documentales falsos. O sea, quiero que se sienta que es muy de verdad a pesar de que no lo es. Es cómo hacerlo pasar por algo muy verídico y la mejor forma de lograrlo es que la manera en la que se registra, la manera en la que se trabaja, trate de ser lo más sincera: que no pase por ciertos filtros o por ciertas maneras más refinadas y controladas, sino aprovechar el accidente de cómo se grabó, de cómo dijeron una cosa, de qué manera fueron dirigidos para decir sus ideas y después yo caerle a eso encima. Hay algo muy vacilón en que se sienta muy real y que no lo sea. Editar con el ritmo de una persona hablando es algo que me encanta. La manera en la que yo creo que las personas están organizando sus ideas me hace a mí organizar las imágenes. Es como estar en la cabeza de las personas: en qué piensa alguien cuando dice una cosa.

Fotograma del cortometraje ‘Momento bien’

Me parece que tus influencias del cine se notan sobre todo en el ritmo de tus cortos: incluso en obras muy cortitas siempre encontrás pausas, momentos para respirar. 

Si pudiera hacerlos más largos, mejor. Lo último que cambió en Funeraly en Momento Bienfue agregar más aire. Es muy rico. Lo había leído ya ni sé dónde sobre el cine japonés, que a veces se puede sentir muy lento pero justo dejan espacios para que uno piense en lo que acaba de pasar, para que aproveche este momento para recoger toda la información o hacer una pequeña reflexión.

Cuando llevo un buen ritmo, me gusta hacer una pequeña pausa o hacer unos momentos en los que solo pase una cosita pequeña. Y también eso se agradece mucho a nivel de producción, porque uno en animación tiende a querer saturarlo todo en movimiento. El mercado muchas veces dicta eso: “vean qué bueno cómo esta persona logra que nada se detenga y que hayan muchas cosas pasando a la vez en dos segundos” pero también puede ser rico que solo haya una cosa pasando en diez segundos. Es esa pausa la que me encanta.

También hay que saber seleccionar las pausas. Por ejemplo, en Momento bienesa pausa simula visual y sonoramente el trance en el sueño del personaje

Claro, por tratarse de animación uno nunca está hablando de cosas concretas, entonces se aprovecha  la pausa para presentar lo abstracto: lo que está más dentro de los personajes, que no está necesariamente en las palabras. La mayoría de imágenes en Momento bientienen que ver con cómo el personaje se está sintiendo y este es un momento muy placentero. Está esa tranquilidad de estar durmiendo y el tiempo se distancia.

Varios de tus últimos proyectos han tenido esta técnica de animación 2D con dibujos a mano, ¿qué es lo que te gusta de trabajar con este estilo? 

Es principalmente para dibujar, para quemar la mano. También por lo mucho que se puede aprovechar un trazo más libre. Se podría hacer de otras formas con una gráfica más geométrica, más limpia, más depurada. Sin embargo, el hecho de dibujarlo y deformar ciertas cosas o que vibren con esa pequeña vibración de lo que se dibujó muchas veces, le da una vida, una lectura y una calidez muy distinta.

Fotograma del cortometraje ‘Momento bien’

En tus cortos hay un uso muy particular de los sonidos, ¿cuánta atención le das a la sonorización? 

Demasiada, es la mitad de la información que uno está recibiendo. Yo necesito siempre tener una gran relación con el diseñador de sonido. Necesito que el del sonido tenga las mismas ganas de explorar que yo. Siempre estoy pensando: estas son las clases de sonidos que creo que le van o estas son las referencias que tengo o esta es la narrativa que deberían seguir los sonidos. Tanto Vito (Petruzzelli) como (Juan Carlos) Valery (sonidistas con los que suele trabajar) tienen una forma muy específica de resolver que aprovecha mucho el interés en recuperar material de lo crudo, en buscar que una cosa suene como otra. Por ejemplo, que si a alguien le pegan, de repente no suena como un golpe sino como un vidrio roto, y en cómo eso juega con el cerebro de uno. Valery tiene una forma muy musical de hacer las cosas que es muy rico para esto.

Lo que he aprendido es a trabajar el sonido desde el principio. Jamás tener la animación lista y dársela para que la sonoricen. Desde que está el storyboard hay que pensar en cómo suena cada cosa. Es ir haciendo un esqueleto, tanto visual como sonoro, y trabajarlo juntos hasta el puro final. Dependiendo de cómo se va resolviendo visualmente la escena, así también el sonido, y visceversa. Por ejemplo, esto suena como un poco de papel entonces voy a dibujarlo más feo para que se vea arrugado; cosas así.

Esta va a ser tu tercera vez en la competencia del shnit, ¿todavía hay nervios o ya vas más relajado? 

Estoy súper tranqui,me gusta mucho, me da una gran calidez poder verlo presentado en un cine de aquí. Es riquísimo verlo en grande y compartirlo. Después de todo el rodeo, no creo que sienta nervios, más bien siento mucha emoción porque estaba seguro de que quería presentar un corto ahí de nuevo. Si hago algo quiero que se presenten en el shnit, de fijo, esa es la manera como me gusta exponerlos. Me alegra y ya lo asumo. En general sí me siento muy confiado de que lo que estoy haciendo vale la pena, y me siento muytranqui.

Momento se exhibirá el viernes 18 de octubreen la función MADE IN COSTA RICA I, pueden adquirir la entrada en boleteria.delefoco.com

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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