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‘Bojack Horseman’: ¿cómo termina una serie que no cree en los finales?

Bojack Horseman no creen en los finales. La misma serie lo ha mencionado ya en repetidas ocasiones: siempre hay un día después del final feliz. Cada vez que ese ocaso se asoma, lo mira, incluso, con cierto fatalismo. Como dice Diane en la primera temporada: “Sí, la boda fue el día más feliz de mi vida, ¿pero qué dice eso sobre el resto de días que me quedan?”

Ahora con la última temporada a días de estrenarse, la serie creada por Raphael Bob-Waksberg debe plantear un final cohesivo sin traicionar la filosofía que, tras seis temporadas, la ha convertido en obra bandera de la animación para adultos. 

Bojack Horseman, como la vida misma, se rehúsa a darnos una respuesta gratificante sobre el anhelo de la felicidad. La serie está construida para que cada solución simplista se convierta en una serpiente comiéndose la cola. 

Tras seis temporadas, la pregunta sigue: ¿podrá Bojack alcanzar la plenitud?

Parte de la agudeza de la serie está en transformar el formato cíclico y conformista del sitcom (comedia de situación) tradicional en una representación animada del mito de sísifo. Bob-Waksberg satiriza los cánones del entretenimiento light a través de Horsin ‘Around, la serie ficticia tipo The Cosby Show que hizo famoso a Bojack en los noventas. 

“No es Ibsen, claro”, dice Bojack sobre Horsin ‘Around en el piloto,  “pero mira: para muchas personas la vida es solo una patada larga en la uretra. A veces, cuando llegas a casa después de un largo día de ser pateado en la uretra, solo quieres ver un programa sobre personas buenas y agradables que se aman, donde, pase lo que pase, al final de los 30 minutos todo va a salir bien”.

La premisa del sitcom es esa: un continuo regreso a la conformidad. Cada episodio es un universo individual que se desarrolla sin depender de una narrativa unificadora, por eso podés empezar a ver Friends, por ejemplo, desde la sexta temporada sin sentir que te perdiste de ningún giro argumental. Y sí, algunos cambios habrán: nuevas relaciones, nuevos trabajos, tal vez algún nuevo personaje secundario, pero la idea es la misma: personas agradables, en un ambiente familiar, solucionando un problema en veinticinco minutos. Una y otra vez. 

Si bien reconoce los problemas de ese escapismo, ejemplificados de sobra en todos sus personajes, Bob-Waksberg no es grosero con el género: en él edifica su tesis. Todos los personajes en Bojack son una versión desesperanzadora del ciclo del sitcom, están destinados a volver a subir la piedra cada vez que esta caiga de la colina. Después de seis temporadas, Diane sigue sintiendo que su trabajo debería ser más importante, Princess Caroline continúa como una workaholic, Todd y Mr. Peanut Butter siguen llenando sus vidas con tonterías insignificantes y Bojack sigue en la búsqueda de un final feliz que parece inalcanzable. 

Sus vidas, al igual que en Friends, The Big Bang Theory o Two and a half men, están condenadas a la repetición, solo que aquí hay más cicatrices que lecciones aprendidas, más dilemas que soluciones. “Siempre hay más espectáculo”, dice Bojack en el aclamado monólogo del episodio Free churro, “puedes llamar a Horsin ‘Around tonto, malo o poco realista, pero no hay nada más realista que eso. Nunca tienes un final feliz, porque siempre hay más espectáculo”.

Ahora bien, si siempre hay más espectáculo, ¿qué pasa cuando, después de este 31 de enero, ya no haya? 

La primera entrega de la última temporada propone un cierre sin “final” en la redención. En este mitad Bojack entra a rehabilitación, abandona la bebida, se deja de teñir las canas y acepta un trabajo de bajo perfil como profesor universitario. Por primera vez se empieza a percibir un cambio verdadero en el personaje, pero mientras esto sucede, por debajo se está cocinando el último conflicto de la serie. 

Todo parece indicar que Bojack deberá enfrentarse a su pasado, pero esta vez no en una lucha individual, sino a través del daño que ha causado en los demás. La brea que lo ha acompañado desde siempre está apunto de explotarle en la cara; estará en él encontrar la razones para redimirse no solo ante a los que ha lastimado, sino ante sí mismo. 

Pero algo parece claro: el camino hacia la redención de Bojack no tiene una meta final, eso traicionaría a la misma serie. Tal vez en el último capítulo la roca ruede colina abajo otra vez, pero desde arriba de la montaña habrá una gran vista.

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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