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Crítica de Dogman: No hay soluciones en la decadencia.

Dogman puede ser fácilmente etiquetada como un eco más del David versus Goliat, pero esta comparación simplona no le hace honor. La obra del italiano Matteo Garrone va más allá de un enfrentamiento del débil contra el fuerte: es un retrato de frustraciones, relaciones asimétricas y el agridulce sabor de una redención vacía.  

Esta película brillantemente protagonizada por Marcello Fonte —galardonado como mejor actor en Cannes, 2018— es una de las imperdibles del Festival de Cine Europeo del Cine Magaly. 

La historia se sitúa en un barrio decadente de Italia con edificios carcomidos por el tiempo y la sal de una playa en la que parece que nadie quiere bañarse. Como buena heredera del neorrealismo, Dogman no idealiza esta ruina urbana: es sucia, llena de charcos, baches, ciudadanos inconformes y, cómo no, crimen. 

Aquí es donde entra en escena la dupla —a veces cómica, a veces triste— de Marcello y Simone. Marcello es un enclenque estilista canino que también aprovecha su tiempo libre para vender cocaína. Su peor pero más frecuente cliente es Simone, una mole de músculo, ira y drogadicción que aterroriza a todo el barrio. 

La película brilla en mostrar cómo Simone es un problema que no tiene solución. Los ciudadanos están atrapados con este bully de casi dos metros que constantemente los agrede, roba y humilla y toda posible salida no es más que una trampa. Si lo denuncian, el problema solo crecerá ya que Simone estará uno o dos años en la cárcel y después volverá más fúrico que nunca para atormentar a sus acusadores. Si se quedan callados le dan vía libre para que haga lo que le dé la gana. 

Marcello es quien está más acorralado. Simone se aprovecha de él cada vez que puede: no le paga la cocaína y lo obliga a participar en sus crímenes sin recibir prácticamente nada a cambio. Fonte encarna perfectamente a este personaje que a todas luces ha tenido una vida llena de muchas humillaciones y poca defensa. Simone lo arrastra hasta sus infiernos y el público no puede hacer más que preguntarse cuánto puede aguantar este hombre antes de enfrentarse a su bravucón. 

La pasividad de Marcello se acaba en el último acto. Garrone deja atrás cualquier alivio cómico para mostrarnos a un protagonista completamente consumido por la venganza. La violencia de Dogman se aleja de cualquier alusión bombástica y más bien baja al barro de lo crudo. Son golpes secos que se acentúan con fuerza en la retina del público. En esta decadencia de Marcello no hay soluciones ni catarsis que no vengan acompañadas de una cuota densa y pesada de sordidez. 

Próxima función: Viernes 12 de julio a las 8:55 en el Cine Magaly

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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