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Entrevista con Raciel del Toro, el nuevo Director del Centro de Cine

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En la mañana del miércoles 8 de julio, Raciel del Toro llevaba solo tres días como Director oficial del Centro Costarricense de Producción Cinematográfica y su bandeja de entrada ya llegaba a los cien correos por leer.

Raciel asumió el mandato de la institución en un momento de dualidad: por un lado, Costa Rica viene de uno de sus mejores años (2019), con estrenos y premios al más alto nivel internacional, pero por otro, el audiovisual se ha convertido en una de las industrias más golpeadas tras la paralización de la economía en tiempos del COVID. Las salas de cine están apenas funcionando y si bien ya existe un protocolo para salir a producir, no existen grandes incentivos para un sector que le cuesta conseguir retribuciones económicas a corto plazo. 

Este contexto, aunado al desencanto de una industria por el supuesto silencio del Centro de Cine y del Ministerio de Cultura en los últimos meses, hará de Raciel, cubano de nacimiento, uno de los hombres más ocupados del ecosistema audiovisual costarricense. 

Aunque la vida lo ha llevado a sentarse lejos de la cámara, su carrera siempre ha estado ligada al cine. Primero estudió periodismo en Cuba y se especializó en cubrir, precisamente, el séptimo arte. Desde allí empezó a trabajar cada vez más de cerca la promoción y distribución de cine con pasos por el Festival Internacional de Nuevo Cine de La Habana y el Festival de Cine Pobre de Gibara. De 2013 a 2016 fue el Coordinador General de la Fundación para el Desarrollo del Audiovisual de Centroamérica y el Caribe (Fundacine), donde administró el fondo cinematográfico Cinergia y conoció películas costarricenses importantes como Princesas Rojas, Agua Fría y Puerto Padre cuando apenas eran una idea sobre el papel, y desde el 2017 se convirtió en el director artístico del Costa Rica Festival Internacional de Cine (CRFIC). 

En los nueve años que lleva en contacto con el país, Raciel experimentó de primera mano la década más exitosa del cine nacional. Hoy, bajo su dirección, le tocará ayudar a que ese progreso no se convierta en una víctima más del virus. 

El cine costarricense viene de uno de sus mejores años y de repente se topa con la gran incógnita de la vida en COVID, ¿cómo puede el Centro de Cine ayudar a que esa buena inercia que llevaba no se diluya? 

Es una época rara en el sentido de que no hay antecedente sobre algo parecido, entonces el centro de Cine obviamente va a tener que reinventar su manera de fomentar el cine nacional. Hay que improvisar sobre la marcha y en eso hay que tener en cuenta que la improvisación dentro de un marco legal e institucional es muy complicada. Hay que ser honestos en este sentido: la improvisación no puede partir una idea mía o de una parte del sector, sino que tenemos que trabajar en conjunto las ideas y los proyectos que planteamos como sector audiovisual en general. Creo que todos los actores que conforman la amalgama de la producción audiovisual en el país deben llegar a un consenso de cuáles son las prioridades en estos momentos, porque ciertamente el sector audiovisual es uno de los más golpeados. 

Creo que el primer paso es intentar potenciar las herramientas que tenemos.Y luego intentar coordinar sobre todo herramientas que le den trabajo al sector, que lo pongan a trabajar. Porque primero hay que sobrevivir como seres humanos para luego pensar en la creación artística. Y en este sentido estamos intentando, junto con varias contrapartes del Ministerio, crear lazos con el Ministerio de Educación, la posibilidad de que el sector audiovisual pueda contribuir con los productos virtuales que necesita el Ministerio para para todas sus instancias metodológicas, trabajar en algo que se viene construyendo desde hace como tres o cuatro años y que es lograr un apoyo de la Banca para el Desarrollo. Obviamente no le va a servir a todo el sector, pero como digo es un conjunto y hay que llegar a un consenso. La Banca para el Desarrollo puede que tenga un porciento de fondos no retornables, como es El Fauno, o préstamos blandos. Y habrá otros que sí tendrán que ser retornables con el porciento de interés muy bajo que servirá a empresas audiovisuales más consolidadas. Pero hay que ver opciones y en ese sentido, no se puede apartar tampoco el tema de la promoción cinematográfica. No sólo la producción. De nada sirve producir, producir y producir si toda esta producción, que puede ser de una gran calidad, no es promovida correctamente. En ese sentido ocupa una labor fundamental El Festival de Cine (CRFIC), el evento más grande que existe en el país y también todas las labores que hace Preámbulo (muestras de cine gratuito). Es importante también trabajar en tema no solo de fomento de la producción, sino también de distribución y visibilización de las obras costarricenses, nacional e internacionalmente. Hay que reconocer que Costa Rica es un mercado muy pequeñito donde es muy difícil recuperar una inversión de un producto creativo. Por lo tanto, tenemos que pensar en maneras de exportar nuestro contenido con la cooperación de la Comisión Fílmica, que es el ente que por decreto y objetivo fundacional debe liderar la exportación de los productos audiovisuales costarricenses. Pero también una de mis ideas, de mis propósitos, es crear lazos más estrechos con la Comisión y trabajar en conjunto para la capacitación y exportación del cine costarricense. 

¿Quiere el Centro de Cine ser el faro que guíe la conversación de todas las partes que componen el ecosistema audiovisual costarricense?

Creo que debe ser una tarea del Centro. Yo me lo propongo así. Tiene que haber un mediador y un gestor de consensos para que los diferentes subsectores del sector audiovisual lleguen a acuerdos en temas para los cuales crean que son prioritarios. Cada subsector tiene sus intereses particulares, obviamente, porque unos hacen más cine de arte, películas que van a festivales, otro subsector está más enfocado en hacer trabajo de maquila para grandes estudios, otros sectores trabajan más o menos en el tema de la publicidad, que es un sector muy grande, hay que tener en cuenta que este sector audiovisual aporta el 2,2 por ciento del PIB del país. Es un por ciento incluso mayor que la industria hotelera, con un 1,9 por ciento en un país muy turístico. Entonces no es un sector pequeño en su aporte a la industria y la economía del país. Pero, si bien tienen intereses disímiles, creo que todo aporta a la creación de una industria. En realidad, si queremos tener una industria audiovisual en los próximos 10 o 20 años, en el país tiene que haber de todo: técnicos de producción comercial y producción más de cine de arte y en estos momentos lo que necesitamos es llegar a un consenso entre todas las partes, con intereses diferentes, para asegurar las prioridades de la agenda. Creo que estamos más cerca que nunca de lograr la aprobación de una ley de cine, por lo tanto es muy importante llegar a un consenso entre todas las partes en cuanto a los puntos de la ley e intentar lograrla a toda costa porque nos va a costar otros diez años lograr algo parecido. 

Actualmente hay un número nada despreciable de películas costarricenses que tienen su estreno en salas pausado debido a la pandemia. Recuerdo seis filmes que lo iban a hacer en el CRFIC, por ejemplo. Entendiendo que evidentemente no es una decisión del Centro de Cine, ¿cuál es su posición con respecto a los estrenos en línea como posible solución? 

Sí es algo que nos interesa. Obviamente, como mencionó, no es una decisión nuestra, eso implica una negociación con cada película. Es un trabajo de ir película a película porque cada una tiene sus intereses de distribución y curación internacional diferentes. Por ejemplo, Preámbulo lleva ya unas semanas funcionando en línea de manera exitosa. Nosotros teníamos planeado reprogramar el Festival (CRFIC) para finales de octubre y principios de noviembre, pero es una posibilidad cada vez más lejana con este repunte del virus. De hecho, los modelos indican que más bien será para octubre cuando lleguemos a la cresta de esta segunda ola que ya está en transmisión comunitaria. Entonces, ciertamente, se ve muy difícil hacer una reprogramación de manera presencial en salas, Y nuestra idea es por lo menos rescatar las competencias del festival (…). Por lo tanto, sí, el ojo está en cómo logramos salvar a la competencia para que las películas no queden en el olvido, como que no pasaron por el festival, que es el evento de distribución más grande del país. Y luego es sentarse película por película a ver cuáles son sus planes de distribución y ver si les conviene o no estrenar de manera online. El Centro de Cine no tiene una plataforma oficial de distribución; esa una de las peticiones del sector, pero no es algo que se pueda hacer a corto plazo. Necesitamos crear una plataforma de distribución y de educación de nuestro audiovisual que cuente con los requerimientos necesarios para pagar derechos de distribución, hacer contratos por tiempos específicos, entonces no es algo que se pueda hacer ya. Aunque sí es un proyecto que tenemos en la mira a mediano plazo. Pero sí, cada película tiene que tomar una decisión individual y el Centro de Cine está para intentar apoyar y canalizar los métodos de distribución internacional que tenga cada película en su haber. 

Ya como director artístico del CRFIC usted había hablado sobre la importancia de que en Costa Rica haya una ley de cine, ¿qué debe hacer diferente el Centro de Cine bajo su gestión para impulsar esta ley?  

Desde mi idea como director en este momento, lo que tiene que hacer diferente el Centro de Cine es liderar el consenso en el sector audiovisual de sus intereses muy diferentes. Entonces, para lograr la aprobación de esta ley, lo primero que tenemos que lograr que el sector se ponga de acuerdo en los puntos en los cuales quizás no estén totalmente de acuerdo todos, pero que sí haya un consenso entre todos. La ley de cine, obviamente, beneficia al sector, aunque tengamos las barreras de determinados subsectores que defienden intereses de las cableras y de las plataformas audiovisuales en streaming, sobre todo por la reforma a la Ley de Espectáculos Públicos. Tenemos que llegar a un consenso y entender que lograr un apoyo al audiovisual nos beneficia a todos porque el audiovisual es una cadena de valores muy larga. Cuando estamos creando un flujo constante de apoyo al audiovisual, estamos creando cientos de puestos de trabajo, porque no solo beneficiaría de manera directa a los cineastas que crean contenido, sino hacer una película implica tener asesoría legal, contador, los puestos técnicos. Además, lleva transporte, lleva hospedaje, movilidad local e internacional, catering, alimentación. O sea, dinamiza muchos sectores de la economía y es un beneficio para el país. Y si logramos primero tener un flujo de contenido de producción nacional, yo creo que va a contribuir a la atracción de la inversión extranjera. Esta primera ley de cine que estamos tratando de aprobar para mí es un paso, un paso muy grande porque no hay nada anterior, pero es un primer paso, creo que luego tenemos que pasar a la entrega de incentivos fiscales para la atracción de la inversión extranjera. Sí hay competencia en la región, en ese sentido, porque la ventaja que tenemos como país es que tenemos una capacidad instalada. Somos el único país de Centroamérica que tiene una escuela de cine, por ejemplo, de dónde salen muchos técnicos y muchos creadores. Y creo que Costa Rica tiene esta fortaleza en comparación con la región y, sin embargo, no tenemos los incentivos necesarios para la atracción de la inversión extranjera en audiovisual en comparación, por mencionar un ejemplo concreto, con Panamá, que tiene una ley de cine que entrega incentivos fiscales de un retorno de 15% por mínimo de tres millones dólares de inversión, o República Dominicana, que tiene un retorno de 30% con un mínimo de 500 mil dólares. Tenemos que buscar una manera efectiva de competir para crear esa industria que signifique producir y atraer.

¿Es una prioridad que se logre aprobar la Ley de Cine? 

Es una prioridad para la direccion lograr el consenso, ya luego la aprobación de la ley depende totalmente de la Asamblea. Hay que tener en cuenta que hay lobbistas, hay fortalezas de un lado y de otro, entonces la labor del Centro de Cine debe ser mediar para crear ese consenso. No hacemos nada con con ir a cabildear a la Asamblea si dentro de nuestro mismo sector tenemos personas que no han llegado a un consenso. Si el principal beneficiario de esta ley no se pone de acuerdo, no tiene ningún sentido.

¿Sería importante también un trabajo de comunicación, ya no sólo con el sector audiovisual, sino con el público en general, sobre los beneficios que traería para el país la aprobación de la Ley de Cine?

Se han hecho ciertas campañas, no campañas masivas porque obviamente requieren una inversión de plata muy grande. No voy a entrar en detalles, pero trabajar con presupuesto de Estado es muy poco flexible. Eso es una cosa con la cual yo tengo que lidiar en estos momentos: estoy entrando a mitad de año a asumir la dirección del Centro de Cine, eso significa que estoy entrando a trabajar con un presupuesto preestablecido, aprobado desde el año pasado y hacer transformaciones a las partidas presupuestarias del Estado es difícil porque estamos atados a la Ley de Contratación Administrativa y a la Ley de Control Interno del Estado costarricense. (…) ¿Que sí se necesita promoción para que la población apoye la ley de cine? Es cierto. Lo que pasa que la población lo primero que ve es su canasta básica. La población lo primero que ve es sus ingresos y sus egresos, es algo básico, y hay una campaña muy fuerte de desacreditación de la ley de cine diciendo un dato, que va a ser real: si su cuenta de Netflix ahora cuesta 10 dólares, por ejemplo, con la aprobación de la ley de cine va a costar 11. No es un incremento sustancial, pero a la gente, a usted y a mí, obviamente, le molesta que suban los precios de todo. Ese es el principal obstáculo que ponen todas las cableras y las plataformas audiovisuales en streaming. Creo que la concientización de la importancia de tener una producción audiovisual constante en el país no es algo de promoción de poco tiempo, es una promoción que tenía que haberse consolidando de hace mucho años. Parece muy subjetivo, pero tener una producción constante es algo que nos fortalece como país y como cultura, como identidad, porque si el cine es el medio que con más impacto llega a la población, contar nuestras propias historias es decir quiénes somos como costarricenses, cuál es nuestra historia, cómo nos vestimos, cómo hablamos, qué queremos, cuáles son nuestros sueños. Parece muy subjetivo, pero es algo que le permitirá a nuestras futuras generaciones saber defenderse, saber querer su país. 

Tengo entendido que la convocatoria de los fondos de El Fauno no va a abrirse hasta que la Asamblea Legislativa apruebe el presupuesto del Ministerio de Cultura para el 2021, es decir, hasta octubre, ¿eso va a continuar así?

De manera personal quisiera que no. Ahora, como apenas llevo tres días, tengo que sentarme primero a revisar el presupuesto disponible en estos momentos y luego el presupuesto del anteproyecto a ver cuáles son los números reales. Ojalá que no haya que llegar a la aprobación del anteproyecto, pero como hay una realidad muy diferente, hay que trabajar todo para hoy, para ya. Entonces creo que el sector necesita este apoyo, pero también queremos terminar de evaluar las otras vertientes que estamos intentando impulsar de apoyo al Fauno para que no dependa enteramente del presupuesto aprobado del Ministerio de Cultura, sino que también pueda haber un apoyo de la Banca para el Desarrollo, que pueda haber un apoyo de desarrollo, por ejemplo, con la Comisión Fílmica, con fondos concursables y con el proyecto AUGE de la Universidad de Costa Rica de apoyo a capital semilla. Porque también una de las debilidades, o una de las falencias del Fondo, es que no tenía un apoyo para proyectos en desarrollo y es una categoría que no tiene casi nada de apoyo, porque desapareció Cinergia, desapareció también el desarrollo de Proarte, entonces necesitamos urgentemente apoyar a esos proyectos que vienen surgiendo. Si no los apoyamos desde el inicio, pueden llegar muy débiles. Es una falencia que tenemos si nos enfrentamos luego a fondos internacionales, precisamente porque no tenemos un seguimiento a esos proyectos en desarrollo, no hay una fortaleza en la capacidad de lectura de guión, de desarrollo de carpeta y búsqueda de financiación internacional. Entonces la pregunta era si íbamos a esperar, pues la idea es que no, que pueda salir antes, como sucedía en años anteriores: para agosto, septiembre. Pero dependemos de la realidad nacional. 

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Luis G. Cardoce [email protected]

Editor de la Revista deleFOCO, periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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