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Gustavo Fallas y su tragedia sobre la otredad

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Gustavo Fallas es cineasta, pero de niño quiso ser detective privado. Aunque puede sonar como el típico sueño de un chico que quiere ser astronauta, bombero, policía etc., lo de Gustavo iba medianamente en serio. Impulsado por el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle que tanto le gustaba leer, incluso llegó a solicitar por correspondencia información sobre una academia de detectives privados en Argentina. 

Hoy no ve tan distante su sueño de niño con las labores de un director de cine. Hay, dice, un cierto parecido entre la investigación criminalística y la cinematográfica: una búsqueda por comprender el comportamiento, lo que anhelamos y reprochamos, lo que amamos y a lo que le tememos, quiénes somos y quiénes queremos ser. En fin, desenredar todas esas cosas que, tras miles de años de estudiarnos a nosotros mismos, apenas podemos definir vagamente como la condición humana

Gustavo, el detective-cineasta, investiga el caso de Víctor, un ermitaño de la montaña que protagoniza su segunda película, Río Sucio, actualmente en la cartelera del Cine Virtual deleFOCO. Su modus operandi es sencillo, casi cíclico: encerrarse en su rancho y apuntar a cualquiera que se acerque. Su arma es casi una extensión de su brazo y no le tiembla para empuñarla ante la más mínima ilusión de “peligro”. 

Fotografía por Nacho Guevara.

Víctor, interpretado por Elías Jiménez, es el típico creador de enemigos imaginarios: tiene un sentido de defensa por lo “suyo” que traspasa lo racional. Su enemigo favorito es el único vecino que tiene a kilómetros a la redonda. A él le culpa todos sus delirios: que le movieran la cerca, que le mataran una vaca, que lo espíen y hasta que toquen la flauta para fastidiarlo. 

Un día, la soledad de Víctor es interrumpida por la llegada de Ricardo, su nieto de doce años interpretado por Fabricio Satoru Martí. Ricardo desata los fantasmas de la infancia de Víctor hasta confundirlo con los temores del presente. 

Con Río Sucio, Gustavo quiere explorar la otredad, esa división entre yo y los demás que nos hace temerle a lo desconocido. “Desde hace tiempo he estado sintiendo una tensión que se ha exacerbado con las redes sociales. “Es una sensación de que hay un otro que es culpable, un otro que no comprendemos, que se aleja de nuestra realidad y se nos desdibuja. Me ha parecido muy fuerte el hecho de que siempre nos estamos separando por religión, por género, identidad, etnia, y de alguna forma esa tensión casi siempre está basada en el miedo”, dice Gustavo.

Para estrenar su película, Gustavo tuvo, curiosamente, que enfrentarse a un otro: al Internet. Con la pandemia sofocando las intenciones a corto plazo de proyectar en una sala de Cine, el debut en línea se antojó como la mejor solución. “Tenés esta idea de que el cine tiene que pasar primero por salas, luego seguir esto y luego lo otro, como un cierto orden, y una de las cosas que nos ha provocado la pandemia, es que de pronto tenemos que ver las cosas desde otro orden, y decir: qué pasa si lo hacemos al revés e iniciamos en lo digital”, dice. 

Sentado en la oficina, con su gato durmiendo de fondo, Gustavo conversa sobre Río Sucio

Víctor, el protagonista, es un ermitaño por los cuatro costados, ¿por qué es tan atractiva para algunos esa idea de ir a aislarse a una montaña?

No conozco tanta gente que esté encerrada en la montaña, pero sí tengo la sensación de que estamos encerrados en nuestros pequeños mundos. Somos como ermitaños de nuestros pequeños mundos. Con las computadoras, con la comunicación que tenemos a nivel digital, tengo la sensación de que cierro esta puerta de la oficina y hay otro universo. Además nos hacen pensar que ese es un universo muy homogéneo: vamos cerrando los espacios donde alguien opina diferente a nosotros hasta que los desaparecemos. 

Es el sesgo de confirmación que nos va cerrando 

Totalmente, creo que tiene que ver con una serie de sesgos. En este caso, Víctor, como personaje, tiene un sesgo, que de alguna manera va construyendo para confirmarlo. 

Llega al punto de que ese sesgo es tan estrecho que la única persona que puede confirmarlo es él mismo, entonces queda solo. 

Sí, totalmente. Yo creo que al final Víctor se da cuenta de que este sesgo lo llevó a un territorio doloroso. 

Fotografía por Nacho Guevara.

La peli da entender que Víctor no abandonó todo para irse a vivir solo en la montaña, sino que es algo que tuvo encriptado desde su niñez. ¿Ese deseo de aislamiento, de soledad, es también algo hereditario?

Sí, es una cosa que yo quería explorar, que en algunas ocasiones he visto y he confirmado por mi propia experiencia. Un poco como dice Jung, el psicoanalista, que lo que uno no acepta lo somete. Siento que el no lograr pasar a través de experiencias, el haber quedado anudados a una experiencia sin lograr comprenderla en sus dimensiones, nos hace repetirlas, y pueden convertirse en patrones. Incluso, he visto y he experimentado escenificaciones, como si uno de pronto volviera a preparar el escenario de algo que te haya causado dolor. Preparás ese escenario con todos los elementos para volver a pasarlo. Es un poco lo que siento que le sucede a este personaje. 

En ese sentido está escrito casi en clave tragedia griega, en cuanto hay un pasado que está por repetirse. Con el resurgimiento de las fronteras fuerzas y esa sensación de aislamiento, ¿nosotros también estamos por repetir nuestros errores?

Yo creo que sí. Estamos con la posibilidad y con las alertas para generar cambio, yo creo que uno de los elementos que tiene la tragedia, que era tan querida por los griegos, es que de alguna forma los personajes nos permiten alertarnos a través de la catarsis, que es como el elemento fundamental de la expiación trágica. Nos dice: bueno, esto le sucedió a este personaje, ¿qué puedo hacer yo para que algunas de estas cosas que pueden ser coincidentes en mi vida no lleguen ahí? Porque estamos en un mundo en el que tenemos muchas alertas, estamos viendo que hay una situación de pandemia que es el síntoma de una serie de otras cosas que como humanidad tenemos que cambiar y que si no cambiamos nos va a llevar a un destino trágico, en donde quizá los que pueden sufrir más esto son los niños, la juventud, porque es la eliminación de un futuro. 

Fotografía por Nacho Guevara.

Victor, al igual que nosotros, tiene una serie banderas rojas que le advierten. 

Sí, los sueños le están advirtiendo algo y él lee mal los sueños, lee mal el presagio, un poco como sucede en la tragedia. En la tragedia hay una advertencia, el oráculo, pero puede tener una lectura equívoca. 

Un poco determinista es esa tragedia de Víctor

Sí, la tragedia es determinista, pero por otro lado creo que le deja un espacio al espectador también. Nos ha sucedido que mucho del cine que aceptamos, es uno en el que de alguna manera todo se soluciona, al final los personajes cambian y las cosas se resuelven como quisiéramos. Hemos dado por hecho que esos cambios son como deben ser. Y es satisfactorio porque el personaje estaba pasándola mal, pero ya no. 

La catarsis no es necesariamente para sus personajes, sino para nosotros

Efectivamente. Si se logra, eso es lo deseable: que haya un reconocimiento, como espectador, que nos pueda poner en ese lugar y que nos genere un pensamiento. 

Río Sucio juega con esta idea de que el miedo peligroso es el miedo a nosotros mismos, ¿es entonces el aislamiento una proyección de nuestras sombras? 

Yo creo que sí. Cuando estamos encerrados en estas burbujas, en estos universos tan homogéneos, no hay cuestionamiento cuando surge cualquier otra cosa. Es casi un temor a nosotros mismos, un temor a que me contradigan, un temor a tener que revelar que tal vez no soy tan extraordinario como creo que soy, que no soy tan bueno con el planeta como creo que soy, que no soy tan bondadoso, todas estas cosas que están ahí.

En el caso de Víctor también está el miedo a que el otro sea tan peligroso como él se considera a sí mismo. 

Totalmente, creo que eso sucede también en el racismo, en todas estas ideas de la otredad. A veces nos pasa que de pronto en un comentario estamos diciendo más de nosotros que del otro. Yo creo que a Víctor lo que le pasa es que genera proyecciones, a él lo están atacando unos fantasmas que tienen que ver con él mismo. Nosotros, si accedemos al otro, nos damos cuenta de que no es tan peligroso, incluso es simpático.

‘Río Sucio’ entrenó el pasado 24 de setiembre y permancerá en la cartelera virtual hasta el 30 de setiembre. 

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Luis G. Cardoce [email protected]

Editor de la Revista deleFOCO, periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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