fbpx
a
Lorem ipsum dolor sit amet, consecte adipi. Suspendisse ultrices hendrerit a vitae vel a sodales. Ac lectus vel risus suscipit sit amet hendrerit a venenatis.
12, Some Streeet, 12550 New York, USA
(+44) 871.075.0336
[email protected]
Links
Follow Us
 

Jorge Mario Zuleta: Yo tengo una responsabilidad con lo que nadie más va a hacer

Lo primero que resalta en Jorge Mario Zuleta —46 años, mediano— es la serenidad de su voz. Es suave y muy regulada. Rara vez pierde su tono y no cae en notas muy altas ni muy bajas. Lo segundo es su peinado: tiene los lados rapados y un moño encolocha su pelo en la coronilla. Lo tercero —todo a la velocidad de un saludo inicial— es su decencia. Se presenta formalmente y después, con gentileza, te pregunta cómo estuvo tu día mientras camina hacia la cocina para servirte el café que ya tenía preparado.

Después de presentarse, es fácil caer en el encanto. A los pocos minutos se te olvida que Jorge Mario es el director de Frondio, un cortometraje experimental “particularmente ruidoso, grotesco, en el que algo está fuera de lugar”, en sus propias palabras. Frondio, por definición tanto gramática como, en este caso particular, artística, se refiere a “cosa fea, de mal gusto”.

Fotograma del cortometraje ‘Frondio’.

A Jorge Mario se le puede entender por estas pequeñas disonancias. Por ejemplo, siempre pensó que lo que quería era dibujar, trabajar la imagen quieta. Hoy es productor audiovisual.

Cuando empezaba su veintena, “muy desesperanzado y sin rumbo”, viajó a Colombia, de donde es oriundo su padre. Venía de experiencias educativas turbulentas: “No estuve ni un año entero en ninguna institución porque siempre me peleaba con todos, o me agarraban a masilla y me tenía que ir”. Pasó hasta por colegios para estudiantes problemáticos sin encontrar solución. “Tenía la idea diferente, no había escuela que me aguantara”, dice. Luego, cuando tocó elegir una carrera, se inclinó por la profesión de su madre: ingeniería química en la Universidad de Costa Rica. Apenas iniciados sus estudios y seducido por los cursos de humanidades, se cambió —como si fuera un salto pequeño—a artes dramáticas. Allí tampoco duró mucho. La carrera tenía un enfoque muy actoral, de movimiento y expresión corporal que no calzaban con su perfil.

Bajo ese contexto llegó a Colombia a vacacionar, conocer el país de su padre y despejar su mente de la deriva que parecía acompañarlo siempre. El viaje era de una semana. Se quedó quince años.

“No suena como una persona funcional”, dice ahora, con perspectiva. En Colombia no tenía una familia con la que sintiera un gran arraigo, desconocía cómo funcionaba el país —sumido en un régimen del narcotráfico durante esa época— y ni siquiera tenía suficiente ropa para para sobrepasar una semana, ni se digan quince años.

A los meses de iniciada su aventura en el extranjero, su madre lo visitó. Trajo consigo ropa nueva y una duda inquietante: “¿Ahora qué vas a hacer?” Jorge Mario, sin ganas de volver a artes dramáticas, se fijó en la oferta cultural colombiana y aplicó a Cine y Televisión en la Universidad Nacional de Colombia. Aprobó el examen.

—¿Por qué elegiste al cine como medio? 

—Soy una persona temporal, una persona que observa el tiempo y que procura dibujarlo. Yo necesitaba ese componente temporal. Si hubiera elegido las artes plásticas, hubiera tenido que poner dos cuadros contiguos para decir: aquí llovió y después ya no llovió.

—¿Cómo se recibió el cambio de carrera en tu familia?

—Los pormenores fueron muy suavecitos. Hay mucha gente que no se arriesga a trabajar la imagen por diferentes circunstancias, me imagino que hay personas que dicen: no podré sobrevivir, tener dinero, comprar comida, si trabajo la imagen. Eso debe de ser un terror gigante.

—¿Tuviste ese terror? 

—No sé cómo decir esto en el marco de una entrevista, pero hay aspectos de la vida que no pude manejar. Por ejemplo, entender la trascendencia del dinero. Es extrañísimo.

En la escuela de cine se topó de frente con el surrealismo: Buñuel, Breton, Jodorowsky, entre otros. “Esos nombres me llegarona a mí como una oportunidad de tener un mundo de fantasía, pero que no tuviera una explicación final.”

Apoyado en estas referencias, Jorge Mario, empezó trabajar historias alejadas de la narrativa convencional. Su trabajo de graduación, dice —aunque no le gusta compararlo—,era un poco como Rayuela: “brincaba a un lado y no me interesaba que llegara a otro lado en específico, me interesaba que llegara a un punto diferente. Era muy caótico. De ahí comenzó una línea de investigación que se mantiene vigente hasta ahora: cómo entender el caos en los objetos visuales”.

—¿No podías entenderlo con la narrativa tradicional? 

—No, imaginate, tenía que hacer las cosas que todas las demás personas quisieran que hiciera. Tendría que cumplir los sueños de todos los demás y creo que no hay suficiente vida para que uno se ponga en ese rol. Admiro montones a mis compañeros, pero yo tengo una responsabilidad con las cosas que nadie más va a hacer. Creo que uno tiene que encontrar cuál es su voz, de qué color es, qué intensidad tiene.

Su voz, si se toma en cuenta Frondiocomo ejemplo, es ruidosa, granulada, saturada, late fuerte, sube la temperatura, es roja, negra, se atreve, triunfa o falla, pero se atreve. Su voz, también, está en tiempo perturbado. “Yo creo que el mundo no es necesariamente tan exacto, tan lineal”. Sus relatos tampoco lo son. Cuando habla, brinca entre diferentes tiempos: se devuelve quince años, se adelanta otros cinco y luego regresa al punto original.

Cuando volvió a Costa Rica, con título en mano y quince años más viejo, se guardó sus proyectos audiovisuales para sí mismo. En la universidad se le enseñó que si la imagen no quedaba impecable, entonces era mejor no hacerla. “Con semejante responsabilidad a cuestas es muy difícil rodar el primer minuto. Es difícil hasta grabar a los primos que se casan. A ese nivel de dificultad se está. Es un compromiso mayúsculo porque uno tiene a todos los que admira y a todos los que invirtieron en uno encima. Es demasiado”.

Esa presión lo encasilló a trabajar en secreto, hasta que en 2014 se dijo: “tenemos que remediar esta situación, no podés vivir eternamente con ese miedo de que, a través de una formación profesional, no querer producir”. Mientras lo dice, en el momento, se pregunta si los ingenieros sufren de lo mismo: ¿no construyen puentes por miedo a que alguien se caiga de ellos?

Desde entonces su canal de Vimeo se convirtió en su medio más activo. En cinco años ha subido 79 cortos, todos con ese carácter experimental. Uno de ellos, Frondio, su peculiar cortometraje seleccionado dentro de la competencia MADE IN COSTA RICA del Festival shnit 2019.

Frondio nació desde su pista sonora, escondida entre los archivos de la web mientras Jorge Mario buscaba artistas dispuestos a compartir su música. En una red social se topó con una pieza que le resonó de inmediato: Frond, del grupo inglés Bacon Industries. “Este equipo de trabajo gozaba tanto haciendo ruidos absolutamente alucinantes”

Frond es una destruye audífonos, tiene unos sonidos industriales que cabalgan y saturan el oído. Es terrorífica. La pieza asciende, sube y late constante mientras infla los decibeles y una voz de fondo —ininteligible, angustiante— es enterrada viva en una tumba de bullicios. Es, como su nombre en inglés la entrevé, frondosa: un tuco grueso —negro, si es posible ponerle un color al sonido— de masa auditiva que sale congestionada por un cuello de botella: toda al mismo tiempo, con prisa e impaciente. En otras palabras: es ruidosa. En otros palabras: a Jorge Mario le encantó.

Con la música como piedra angular, Jorge Mario empezó a construir su primera visualización a través de “oírla muchas semanas para entender sus ritmos, de qué se compone, a qué suena, si cruje, si es muy ruidosa, si respira. Entender qué tipo de distancia recorre el sonido y empezar a formar la pieza audiovisual”.

¿Cómo fue tu proceso creativo?  

—Analizar la pista hasta estar en paz con el sonido. Luego, naturalmente, escribir sensaciones, sentimientos; nunca escribir dos veces en el mismo papel. Es una cosa rara, pero me gusta tener notas en diferentes papeles para que cuando esté en un momento más lúcido de producción, decir: mirá, siempre en X minuto alguien se muere; encontrar los factores en común con todos los yodel proceso creativo.

Una vez sedimentada la obra gris, vinieron los matices. Pasó una primera capa de color, sensaciones, movimientos, cambios. Midió la infraestructura: cuántos espacios abiertos y cerrados tenía. Las imágenes las construyó con metraje de su propiedad combinado con materiales de dominio público. Se sumergió en los archivos digitales en busca de ese metraje que pudiera transformar. Asumió el rol del mutador capaz de cambiar la sintaxis de las imágenes a través del montaje.

Fotograma del cortometraje ‘Frondio’.

Su bautizo llegó de último. Frondio —la palabra— es un arcaismo, un término con raíces colombianas que ha caído en el desuso. “Es algo de mal gusto, como feo. En el contexto en el que yo la escuché era lo que nosotros vendríamos a conocer como polo”.

Pensando en cómo se digería el corto, Frondio le llegó desde los resquicios de la memoria. “Esa fue la sensación, el terror que uno podría sentir cuando ve el corto, eso de que aquí hay algo como que no está en su lugar. La palabra dijo: compermiso, creo que este es el lugar para que yo entre, y se instaló y no la pude sacar; estaba tan metida como los elementos visuales.”

El resultado fue un corto asfixiante, cargado de tensión; oscuro, tanto en lo visual como en lo temático. Vive, sin dudas, pero está cosido como el monstruo de Frankenstein. La obra late, figurativa y literalmente: dos corazones palpitan hasta sobrecalentarse como si fueran máquinas viejas. “Tiene esa sensación de desequilibrio que comparte con la música —Frond— que es como: ¿a qué me metí? Hay algo fuera de lugar que no está funcionando acá.”

—Sentí mucha angustia en el corto, ¿estabas experimentando un sentimiento similar mientras lo realizabas?

—Yo, en este momento en el que hablamos, me siento en un momento de mucha placidez.

Una placidez que se ve multiplicada con su participación en la competencia MADE IN COSTA RICA del Festival shnit San José 2019. El viernes 18 de octubre será la primera vez que un cortometraje suyo será proyectado en el país. “Me gusta el shnit porque es un resumen de la energía de un año, de un punto”.

—¿Cómo creés que lo va a recibir el público? 

—Una de las cosas que me llama la atención es cómo va a recibir una persona un objeto sonoro que tiene una intención muy particular; es algo que quiero ver, estar pendiente de cómo se ve la gente al momento. Creo que podría despertar en el público una sensación de sorpresa, de desconcierto y me siento muy afortunado de usar la palabra desconcierto.

El desconcierto probablemente sea temático. Por su misma naturaleza, difícilmente existan dos lecturas idénticas. Hay ciertos elementos en común, por supuesto: la angustia, la zozobra y el desequilibrio. Jorge Mario tiene su propia interpretación. Si el lector no desea conocerla para mantener su propia lectura en la función, será mejor que se salte el próximo párrafo:

“Frondio, hoy, según mi perspectiva, es muy evidente que es un problema sentimental de pareja. Sí creo que hay un momento de desacierto y desazón en la película y creo que es muy evidente que hay una cabanga terrible de alguien que está en un sufrimiento de despecho profundo.”

Cada nueva lectura que florezca a raíz del shnit, Jorge Mario la ve como un regalo: “me produce una satisfacción que se escapa a las palabras. Hacer una pieza que trascienda, que incomode o resulte extraña o que produzca algún tipo de magnetismo en particular, es significativo, y si uno se mete a hacer imagen, procurar algo significativo, ser visto, es importante”.

‘Frondio’ se exhibirá el viernes 18 de octubreen la función MADE IN COSTA RICA I, pueden adquirir la entrada en boleteria.delefoco.com 

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

No Comments

Leave a Comment