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Leo Fallas: ‘la colorización es la cereza en el pastel’

La voz de Leo Fallas, entre la interferencia, dice amistosa: “no te escucho, hermano”. La señal telefónica que conecta a México con Costa Rica se restablece y Leo, con el mismo carisma, se alista: “buenísimo, démosle”. 

Leo se siente más cómodo en lo que él llama la cueva del editor. Y aunque la habitación es oscura, allí es donde llena de color las películas. 

Su nombre es de los primeros que encabezan las listas cuando un director de la región requiere un colorista y, pese a llegar al audiovisual casi por accidente, —”yo lo que quería estudiar era periodismo”, en la UCR— se ha instalado como un referente costarricense en el oficio. Ha colaborado en varios de los últimos proyectos más sonados del cine tico como Presos, Violeta al fin, Medea, Gigi, entre otros, así como en producciones internacionales como el documental neoyorquino Beyond hoarding y actualmente se encuentra a pocas semanas de iniciar su colaboración con una serie que se estrenará en Netflix. 

Leo cuenta con una Especialización en Postproducción Cinematográfica en el Centro de Capacitación Cinematográfica en México D.F

Tras una carrera de dos décadas especializada en postproducción, acaba de dar una charla en el Festival internacional de cine de Guanajuato llamada Netflix Ready: De la imagen, color y delivery en la que asistieron alrededor de cien oyentes. 

Hoy se encuentra radicado en México, dónde está aprovechando el boom en las producciones que trajo la apertura de las oficinas de Netflix en tierra azteca. 

En aras del estreno de su curso en línea sobre colorización —”yo creo en la capacitación continúa, en subir siempre la barra”— , conversamos con Leo sobre el rol del colorista en el ecosistema audiovisual. 

Es una pregunta que da casi hasta para un ensayo, pero, ¿cómo el colorista ayuda a contar una historia a través del color? 

Creo que la colorización es como la cereza en el pastel y la culminación de un trabajo visual que fue construido por un montón de gente desde la pre (producción) y la producción. La corrección de color intenta mejorar y llevar al  punto máximo de belleza, narrativa y aporte atmosférico a cada escena usando la luz, usando la sombra, usando el color pero basado en el trabajo del director de foto, del director de arte que propuso qué es lo que se ve al frente de la cámara y una paleta de color que también muchas veces hasta la locación misma propone. Es ayudar a esconder cosas en el cuadro para que el ojo vea lo que el director quiere que vea, es cómo comunicar tristeza de manera más fácil a través de sombras y luces, cómo comunicar lo que esa escena tenía intención desde el inicio. Creo que eso es lo más cool del color: cómo acompaña la intención del director. 

Es más que un aderezo estético, es una herramienta narrativa. 

Sí, total. Incluso a mí no me gusta llamarle corrección de color porque eso implica que es solo arreglar tortas, arreglar cosas que salieron mal. Y sí, es cierto que eso es parte: corregir lo que no salió en el set como se quería: problemas de exposición, problemas de temperatura, problemas de encuadre, incluso. Esos errores se mejoran, sin duda, pero eso es solo una parte. La parte más bonita es la creativa, una vez arregladas esas cosas, cómo creativa y narrativamente se aporta una atmósfera a la peli. 

En una época tan lleno de filtros predeterminados, Luts, aplicaciones, etc., ¿cuál es la importancia de que existan coloristas profesionales? 

La democratización tecnológica creo que ha hecho que muchos oficios en el cine se prostituyan. Muy a manera personal, esa una de las cosas que me motivó a venir para acá (México). En un país donde hay más industria, también hay un poquito más de respeto por los roles. La figura del colorista acá es bastante respetada. Cuando uno quiere aspirar a proyectos más grandes, a hacer pelis, a series, es un rol que cobra muchísima importancia. Creo que cuando hablamos de algo especializado, el rol del colorista es cada vez más importante, en especial porque la mayoría del contenido va a estar en HDR (High Dynamic Range) y no cualquiera entiende de qué se está hablando. Cualquiera puede poner un filtro pero no cualquiera entiende lo que está haciendo. Por ejemplo, Netflix tiene una línea de especificaciones y un control de calidad altísimo que nadie se brinca. Creo que todo depende en la liga que uno se quiera meter a jugar. En una liga menor y pequeña, mucha gente pone filtros y mueve cositas pero para mí eso está lejos de ser un colorista. Si uno quiere estar en otras ligas y entregar contenido para festivales de cine, Netflix, etc., ahí la cosa cambia, ahí ya no es a un pone filtros al que van a buscar. 

Por supuesto varía dependiendo de cada proyecto, ¿pero cuántas horas de trabajo se invierten en la colorización? 

Aquí en México el color se cobra por hora. Usualmente las casas de postproducción hacen un estimado de cuántas horas van a invertir para colorizar esa peli. Más o menos es una hora por minuto. Esto varía, pero una peli de 120 minutos puede durar ciento veinte horas de colorización. Pueden ser unos quince días de trabajo. Todo depende de la plata que tengan. Una película como Roma (Alfonso Cuarón, 2019) gastó como 900 horas de color, para que te hagás una idea. Es una locura. Obviamente tenían toda la plata del mundo. Pero una peli normal, independiente, mexicana, se gastan unas cien horas de colorización. 

Es un trabajo de encerrona, entonces. 

Claro, es sentarse en una cueva oscura. Lo que se quiere en la corrección es emular lo más posible cómo se va a ver la película. Cuando se hace cine lo ideal es corregir la película en una pequeña sala de cine. De hecho las salas de color más pros son las que están en pequeños cines tal cual, con el proyector que te encontrarías en una sala de cine. Entonces, eso es lo que hacen las casa de post acá. Obvio no me gusta comparar así feo, pero es que el tamaño de la industria en Costa Rica no ha permitido que hayan las salas ideales para trabajar el color. En Costa Rica incluso la sala que yo tenía era más chica, pensada para contenidos en televisión, video, internet. 

¿Sentís que hay mercado para coloristas?

Siento que el tamaño del país limita un poquito las posibilidades. En México está fuertísimo: Netflix abrió oficinas aquí y anunció más de cincuenta proyectos en menos de un año. Creo que cuando se produce tanto obviamente hay una gran cantidad de manos haciendo los diferentes roles. La sensación que tengo aquí es que hay un montón de oportunidades que las plataformas digitales y el cine tradicional propone. 

*Actualmente está abierta la matrícula para el curso en línea DaVinci Resolve 16 (programa de colorización), impartido por Leo Fallas (acreditado en el programa), quien cuenta una amplia experiencia académica como conferencista, profesor y coordinador  de la carrera técnica en Edición y Postproducción de Imagen y Sonido del Centro de Tecnologías y Artes Visuales (CETAV), y también ostenta una Especialización en Postproducción Cinematográfica en el Centro de Capacitación Cinematográfica en México D.F. Para más información, dale click aquí.

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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