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Los Miserables: Un Siglo de Adaptaciones

Estreno de Río Sucio

A Los Miserables se le puede acusar de muchas cosas, pero ser aburrida no es una de ellas, y aunque se pueda amar la novela, odiarla o no sentir más que indiferencia, es imposible negar el impacto universal que ha tenido. Quizá la mayor prueba yace en que durante un siglo y medio no ha dejado de imprimirse, venderse y adaptarse.

Sólo de cine existen aproximadamente cincuenta adaptaciones, siendo una de las primeras un cortometraje de 1897 (treinta y cinco años tras la publicación original de la novela y doce tras la muerte de su autor), titulado Victor Hugo et les principaux personnages des ‘Miserables’, producido por los mismísimos hermanos Lumière.

Cabe preguntarse cómo ha sido el viaje cinematográfico de Jean Valjean en sus múltiples encarnaciones, y de qué manera cada una de sus películas triunfa y falla, en relación con su fuente original, y en cuanto a sus propios méritos como obra independiente.

Nota: Aquí debería decir: “Este artículo contiene spoilers de Los Miserables”, pero ya que se trata de una novela de casi doscientos años, si a estas alturas no la han leído, o visto alguna de sus adaptaciones, francamente merecen los spoilers.

  1. “Las obras parecidas a las palabras”: Los Miserables (1934).

Director: Raymond Bernard. Protagonistas: Harry Baur, Charles Vanel, Fiorelle.

Se siente bien comenzar con ésta adaptación. Fue hecha en los albores del cine sonoro, en medio de la Gran Depresión, y ante el creciente temor mundial de que una nueva guerra era inevitable; como resultado, la película está cargada de profundidad y empatía en su tratamiento de temas como el desempleo, la pobreza, el hambre, la injusticia y la guerra. A pesar de sus tres horas y media de extensión no se siente pesada, y mantiene intactas casi todas las escenas de la novela. Por encima de su fidelidad a la trama, lo que la enaltece es que conserva su detalle y fuerza emocional: cada elemento de la película evidencia que está enamorada de su fuente de origen, y desea ser digna de llevar su título.

  1. “Un sable en la noche”: Los Miserables (1935).

Director: Richard Bolelawski. Protagonistas: Fredric March, Charles Laughton, Florence Eldridge.

Ya que sólo un año la separa de la versión anterior, comparte la misma preocupación social de la época y el mismo crédito por ser de las primeras versiones en cine sonoro. Cuando la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas apenas iniciaba, ésta adaptación fue nominada a Mejor Película y no es de extrañarse: es una excelente producción, con un buen ritmo, música, escenografía y actuaciones, en especial del imponente Fredric March. Su influencia en las siguientes versiones fue grande (notablemente en la de 1998); generó un antes y un después, y podría argumentarse que a partir de este momento, la mayoría de adaptaciones estadounidenses se basaron más en ella que en la novela original. Aquí empezamos a ver un curioso patrón en que los productores subestiman la capacidad de atención y entendimiento de su público, sobre todo si éste es de Estados Unidos. El productor, Darryl F. Zanuck, considerando que una película mayor de dos horas sería intolerable, optó por conservar sólo los elementos básicos de la historia de Jean Valjean, dejando por fuera gran parte de la segunda mitad, incluyendo personajes importantes y el contexto político que desencadena la lucha en las barricadas. Entre los mayores cambios, Marius Pontmercy, el romántico joven que en la novela no está muy interesado en la causa revolucionaria y pasa la mayor parte del tiempo suspirando de amor, aquí no sólo es un activo partidario de la rebelión, sino el líder de la misma, pero la causa de dicha rebelión deja de ser el derrocamiento de la monarquía y la instauración de una república, y pasa a ser… ¿El mejoramiento de las condiciones de las cárceles? Sea como sea, tras la fallida rebelión, los cineastas quisieron aumentar la tensión haciendo que Javert persiga a Valjean y Marius a través de las alcantarillas, porque todos sabemos que estar atrapado durante horas en la oscuridad de una laberíntica alcantarilla interminable no es una situación muy tensa que digamos. Por último, la película acaba con la muerte de Javert ante los ojos de Valjean, lo cual… no es tan grave aquí, pero esto lo veremos mejor reflejado en la adaptación de 1998, donde la escena transcurre de forma casi idéntica, pero allí es mucho más problemática. En fin, la versión de 1935 es muy buena, pero como adaptación es diluida, estéril y, a fin de cuentas, no muy memorable.

  1. “El poema de la conciencia humana”: Los Miserables (1958).

Director: Jean-Paul Le Chanois. Protagonistas: Jean Gabin, Bernard Blier, Danièle Delorme.

Puede que ésta, la primera adaptación a color y una de las primeras en ser filmadas durante la posguerra, sea, junto a la de 1934, la más fiel, no sólo a la trama, sino al tono y a los temas de la novela, veremos que esto es así con prácticamente todas las adaptaciones francesas. Las actuaciones son magistrales, comenzando por la de Jean Gabin, un Valjean auténtico, lleno de melancolía y dignidad; así como Danièle Delorme, que interpreta una Fantine trágica pero fuerte, o Bernard Blier, aunque en esta versión Javert es hijo del director de la cárcel y conoce a Valjean siendo apenas un niño que visita la prisión junto a su padre; ésta imposible diferencia de edad entre Valjean y Javert ya de por sí es bastante absurda, pero sobre todo hace que su motivación como futuro inspector de policía sea totalmente incoherente. En la novela, Javert es hijo de delincuentes y nació en una prisión, hecho que incita su fanática resolución de proteger la ley a toda costa, como un intento secreto de expiar el “crimen” de su nacimiento. A diferencia de la película de 1934, ésta versión puede sentirse más pesada y lenta debido a que no hay mucho movimiento de cámara y a veces parece una adaptación teatral más que cinematográfica. Quizá la película trata a su fuente con demasiada reverencia y esto hace que pueda parecer más un audiolibro que una interpretación fílmica. Sin embargo, es un detalle relativamente menor en comparación con las grandes virtudes de la película: poética, conmovedora y memorable.

  1. “Héroes oscuros, héroes ilustres”: Los Miserables (1978).

Director: Glenn Jordan. Protagonistas: Richard Jordan, Anthony Perkins, Angela Pleasence.

Sólo el esfuerzo tras la creación de ésta película ya es digno de reconocimiento. Fue hecha para la televisión con un bajo presupuesto y su productor, Norman Rosemont, intentó durante dos años conseguir financiación; al parecer la NBC lo rechazó al considerar que los espectadores estadounidenses no entenderían el título (déjà vu?). Hay mucho que se puede disfrutar de esta versión como pieza introductoria, pero al final no termina de comunicar la misma emoción reflexiva de la novela. Richard Jordan interpreta a un excelente Valjean, y Anthony Perkins como Javert es una de esas decisiones de casting que debemos agradecer por existir. Fantine, por otro lado, no podría ser más irreconocible de su contraparte literaria, con una incómoda interpretación demencial y exagerada, superada únicamente por el divertidísimo suicidio de Javert. Al igual que muchas adaptaciones estadounidenses, ésta desecha gran parte de la segunda mitad, dándole un final feliz en el sentido más tradicional. Otro detalle importante es que ésta película muestra a Valjean escapando de la cárcel, en vez de recibir libertad condicional, lo que arruina por completo todo el mensaje original que Hugo trataba de comunicar. En general es una versión tierna y disfrutable, pero aunque el guión hace su mejor esfuerzo por permanecer fiel, es como si estuviera tachando requisitos de una lista, y como resultado, no es muy inmersiva.

  1. “Vagos relámpagos en el horizonte”: Los Miserables (1982).

Director: Robert Hossein. Protagonistas: Lino Ventura, Michel Bouquet, Évelyne Bouix.

Como otras adaptaciones francesas, ésta versión dedica mayor tiempo y énfasis para abarcar tanto del libro como sea posible. A pesar de ser muy extensa (con 200 minutos de duración), es la más breve de las adaptaciones francesas, y sin embargo, antes del musical de 2012, seguía siendo más extensa que la versión más larga de las adaptaciones estadounidenses (entonces la de 1978, con 150 minutos de duración). Si hay una película que en términos visuales captura el sentimiento general de la novela, es ésta: Su cinematografía es profunda y llena de simbolismo, apreciada en su tono oscuro, sucio y desolador, o en la forma de representar ciertas escenas, como por ejemplo la caída de Fantine, descrita por medio de una serie de fotogramas, o el suicidio de Javert, con una sutil toma de su sombrero y chaqueta envueltos en la niebla sobre el puente del Sena. Sin embargo, quizás es demasiado oscura para su propio bien; lejos del sentimiento esperanzador que deja la mayoría de adaptaciones, ésta nunca se levanta por encima del mismo sentimiento lúgubre y triste, y probablemente deje en depresión a cada espectador una vez que empiezan los créditos. Por ejemplo, tanto la novela como la película, concluyen con la muerte del protagonista, pero mientras el Valjean literario muere feliz y rodeado de sus seres queridos, el Valjean fílmico muere triste y solo, en una casa arruinada, en cámara lenta y bajo el sonido de un coro devastador; es un final brillante en ejecución, pero innecesariamente trágico y desleal a la nota final de esperanza que Hugo consideró necesaria para todo su mensaje.

  1. “La tierra empobrecida por el mar”: Los Miserables (1998).

Director: Bille August. Protagonistas: Liam Neeson, Geoffrey Rush, Uma Thurman.

Una de las más famosas adaptaciones y una excelente película en sus propios términos. Valjean y Javert no pudieron tener mejor casting que Neeson y Rush, Thurman ofrece una interpretación honesta y desgarradora, y Claire Danes da a Cosette humanidad e independencia en mayor medida que otras versiones e incluso la propia novela. Sin embargo sufre la misma limitación de otras adaptaciones: Nombres de lugares y personajes fueron cambiados para que los espectadores estadounidenses no se confundieran (de nuevo), y como la segunda mitad de la novela es básicamente cercenada, desaparecen escenas y personajes cruciales. Sin embargo, lo más lamentable es la distorsión de los dos personajes principales. Aquí Javert no es un rígido pero bienintencionado fanático, sino un villano completo y cruel; Valjean roba pan para sí mismo y no para su familia (sigue siendo comprensible, pero hace que su motivación fuera más en beneficio propio que de los demás), y con frecuencia tiene violentos arrebatos de ira, incluso golpeando a su propia hija, algo que nunca haría en la novela. Al igual que en 1935, Valjean presencia la muerte de Javert (en una de sus mejores representaciones), pero mientras en aquella versión Valjean estaba lejos del puente y en menor capacidad de actuar al respecto, aquí Valjean está frente a él… y se va caminando. En serio, es tan sociopático que hasta puede ser gracioso: mientras un hombre se ahoga justo frente a sus ojos, Valjean sólo se queda de pie, inexpresivo, ¡Y simplemente sonríe y se va caminando! La música triunfante lo premia, y antes de que podamos preguntarnos por qué ni siquiera se molestó en agitar el agua con un palo, aparecen los créditos.

  1. “La ola y la sombra”: Los Miserables (2000).

Directora: Josée Dayan. Protagonistas: Gérard Depardieu, John Malkovich, Charlotte Gainsbourg.

Una mescolanza de cosas buenas y malas. Es importante destacar que se trata de una de las pocas adaptaciones (incluso la primera, hasta donde sé) dirigida por una mujer: la brillante Josée Dayan. En seis horas logra abarcar prácticamente toda la novela, y en su mayor parte lo hace muy bien, las interpretaciones de Depardieu, Malkovich y Gainsbourg son poderosas y admirables, sobre todo la de Malkovich, que logra mostrar a un Javert humano y complejo, muy diferente del monstruo en que suele ser reducido en otras versiones; y tanto la ambientación como la banda sonora de Jean-Claude Petit logran dar vida al mundo descrito en la novela. Habiendo dicho eso, hay momentos que dan vergüenza ajena, con diálogos y actuaciones incómodas, culpa del guión ridículo de Didier Decoin, cuya falta más descarada (aunque no es exclusiva de ésta versión) es la sugerencia no muy sutil de que Jean Valjean está enamorado de su hija adoptiva, Cosette. Es tan incómodo e innecesario que deja un mal sabor, por mucho que los otros elementos sean perfectos. Decoin se empeñó en hacernos entender cuán compleja y profunda era la historia, y para lograrlo revistió cada detalle con elementos innecesarios que la volvieron simple, obvia y trillada.

  1. “La alondra”: Los Miserables: Shoujo Cosette (2007).

Director: Hiroaki Sakurai. Protagonistas: Masashi Sugawara, Takashi Matsuyama, Emiko Hagiwara.

Se trata de un animé dirigido a un público infantil y una de las mejores adaptaciones, cuya mayor y más original virtud es dar el protagonismo a Cosette y contar la historia desde su punto de vista, profundizando en su viaje personal, tanto físico como psicológico, explorando cuestiones que ni siquiera el libro se molestó en explorar, sobre cómo los traumas de la infancia repercuten en la adultez, y cómo confrontar el pasado requiere de gran valentía. Debido a su carácter serial, ésta versión se toma el tiempo para cosechar nuestra empatía, haciendo que cuando a ciertos personajes les llegue a su trágica muerte (que siendo Los Miserables, es básicamente a todos) el impacto sea auténtico. Por supuesto, no está exenta de sus defectos, comenzando con que, para llenar los años de la vida de Cosette, introduce personajes y episodios irrelevantes que arrastran la narrativa. Sin embargo, la calidad general de la serie no pierde sus virtudes por tal detalle.

  1. “El lodo, y también el alma”: Los Miserables (2012).

Director: Tom Hooper. Protagonistas: Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway.

Como director, Tom Hooper… no es muy bueno, al menos adaptando musicales, y para el musical más famoso de Broadway, cuyo paso al cine se anticipaba desde los ochenta, el resultado dejó mucho qué desear. La cinematografía es horrenda, con cámara temblorosa, close-ups todo el tiempo y tantos planos holandeses que bien pudieron haber filmado todo en un barco hundiéndose, y falló en comprender el lenguaje musical de la obra de Broadway. Se cambiaron cosas que no hacía falta cambiar; por ejemplo, tanto en la novela como en el musical, el Obispo libera a Valjean diciendo: “He comprado tu alma para Dios”. Aquí el Obispo dice: “He salvado tu alma para Dios”. Puede parecer una nimiedad, pero merece la pena señalar que “comprar tu alma para Dios” es una expresión poderosa porque invierte el tema faustiano de “vender el alma al diablo”: El rescate de Valjean lleva un precio, y no es sólo físico sino moral, pero dicho cambio hace que en la película todo se reduzca a: “Te salvé de esos oficiales”. El rol de Valjean como alcalde también es incorrecto: En la novela el pueblo prospera gracias a él, pero aquí el pueblo está lleno de gente pobre, enferma y hambrienta. El Valjean literario abre escuelas, hospitales y dos fábricas, una para hombres y otra para mujeres, justamente para evitar el acoso que el Valjean de Hugh Jackman permite al tener como capataz de las mujeres a un patán que no para de hostigarlas. Por otro lado, cosas que se podían arreglar se dejaron intactas, como la oportunidad de ubicar la canción Suddenly en un montaje sobre Valjean y Cosette como nuevo padre y nueva hija, pero al situarla tras apenas conocerse, los productores dejaron claro que sólo les interesaba recibir un Óscar por Mejor Canción Original. Ahora bien, lejos de considerarla una mala película, lo cierto es que está repleta de virtudes, y lo más frustrante es cómo lo bueno se entremezcla con lo malo: Anne Hathaway ofrece una impactante interpretación, al igual que prácticamente todo el elenco (incluso Russell Crowe), y la ambientación poseen gran calidad no sólo estética sino también narrativa. En términos generales, es una adaptación enérgica y bastante fiel al libro, pero quizás el musical merecía una mejor adaptación.

  1. THANKS, I HATE IT: Los Miserables (2018).

Director: Tom Shankland. Escritor: Andrew Davis. Protagonistas: Dominic West, David Oyelowo, Lily Collins.

Andrew Davies, sin duda, es un guionista talentoso, pero más que sus méritos como escritor, quizá lo que más le caracteriza es su virulento y desmedido odio por el musical, y por eso su reciente adaptación para la BBC parece haber sido motivada por un rencor revestido con la asombrosa arrogancia requerida para proclamar que su adaptación “rescataría” la novela; y cada anuncio, artículo y entrevista se dedicó a enfatizar lo mucho que esta versión no era musical… hasta el punto que se volvió un poco molesto.

Por supuesto, da igual que no haya canciones. Los Miserables fue un libro antes de que fuera un musical, y antes de que hubiera un musical ya había una docena de adaptaciones no musicales, e incluso después del musical las ha habido (por ejemplo en 1998 y 2000). Así que resulta extraño y hasta ridículo que Davies se pinte como el salvador de la novela por no incluir canciones cuando más de cien adaptaciones en cine, televisión y radio ya lo habían hecho antes, y sobre todo, resulta extraño que haya gente que se crea sus tonterías y hable de la serie como si fuera lo más innovador del mundo.

Andrew Davies quiso hacer algo diferente y eso es magnífico, y no dudo que cada persona involucrada en la producción le haya entregado su mayor esfuerzo, pero más allá de la farsa publicitaria, las “innovaciones” de la serie no son realmente mayor cosa, y de hecho está repleta de muchos vicios característicos de las producciones históricas de la BBC.

La BBC ha asignado papeles importantes a actrices y actores negros en la mayoría de sus producciones, lo cual es maravilloso, el problema está en la forma que lo hace. En The Hollow Crown (2012-2016), adaptación de las obras shakespearianas sobre la Guerra de las Rosas, la actriz Sophie Okonedo fue asignada con interpretar a la reina Margarita de Anjou, y afirmar que históricamente no hubo monarcas negros en la Inglaterra del siglo XV no debería ser controversial.

Si leemos entre líneas, no será difícil hallar el grave problema con esto. Sophie Okonedo es una gran actriz y su interpretación en The Hollow Crown fue admirable, el problema no radica en el hecho de que actores negros protagonicen épicas históricas, sino en la actitud condescendiente de la productora televisiva que los asigna y que en vez de dar a esos actores y cineastas el espacio para crear películas propias, que exploren sus historias y culturas de forma autónoma, se contenta con atravesarlos en roles claramente blancos como si fuera el mayor éxito al que pueden aspirar y por el que deberían estar agradecidos, casi como diciéndoles: “Claro, les permitimos participar de nuestra película sobre gente blanca” mientras le dan cariñosas palmaditas en la cabeza y sonríen ante los medios de comunicación, orgullosos de su inclusividad.

Con Los Miserables (2018) sucede algo similar: Cuenta con los grandes actores David Oyelowo y Adeel Akhtar, pero en los roles de Javert y Thénardier, los villanos. Así que no es una cuestión de qué tan históricamente posible haya sido un policía negro en la Francia del siglo XIX, sino de que en el siglo XXI los roles heroicos y nobles siguen recayendo en intérpretes blancos, y a los actores de piel oscura les toca interpretar al inmoral posadero y al fanático que se suicida por rehusarse a crecer como persona.

Entre otros horribles elementos de ésta serie cabe mencionar que Valjean es un ser repulsivo, que en vez de progresar cada vez más en bondad y compasión como su contraparte literaria, se pone cada vez más iracundo, violento y siniestro. Dominic West, al parecer, no había leído la novela antes ni durante la producción, así que lo único que tuvo para trabajar fue lo que Davies plasmó en su guión. Su Valjean es un hombre que responde con gritos a la bondad del Obispo, un desalmado que despide a Fantine personalmente (siendo por lo tanto directamente responsable de todo el sufrimiento que ella se ve obligada a atravesar), y cuyo posterior rescate de la joven acaba siendo un acto de suprema hipocresía. Todo esto da la impresión de que a Andrew Davies nunca le gustó la novela, y por eso trató de mejorarla innecesariamente cuando todo lo que necesitaba para contar una gran historia ya estaba contenido en un libro que le tomó a su autor casi veinte años completar. La gran ironía es que ésta adaptación acaba siendo terriblemente infiel a la novela que pretende rescatar del “terrible” musical (que, de hecho, logra evocar la emoción de la historia de forma más convincente). 

En fin… Con enorme validez se le puede criticar a la novela romantizar la pobreza (una pobreza que su autor jamás experimentó en carne propia), pero no puede negarse que la intención original de Víctor Hugo fue siempre ofrecer una defensa profunda y honesta en favor de las personas más desfavorecidas, y esto es algo que, para la mayoría de adaptaciones, ocupa un lugar secundario, aunque eso no impide que en todas hay mucho que se puede valorar, y sin duda la adaptación perfecta de Los Miserables está allí, flotando en medio de ellas. Si en algo fallan, no es porque elijan recortar o cambiar la trama, sino por priorizar los aspectos de aventura, acción y romance sin comprender dónde reside el verdadero valor de la novela, cuyo título, irónicamente y como resultado de dicho malentendido, se ha vuelto sinónimo de una industria multimillonaria en boletos de Broadway y cines en todo el mundo.

Así que, hasta el momento, la novela permanece siendo mejor que todas sus adaptaciones por ser una historia para todas las personas, todas las épocas y todo el mundo, y más que una historia de amor y aventura, es un argumento a favor de que, sin importar cuán oprimidas se encuentren bajo una “condena social”, cada vida individual importa, y cada pequeño acto de bondad puede hacer la diferencia.

Con suerte un día el cine le hará justicia.

Estreno de Río Sucio
Luis Acosta Casanova [email protected]

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