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Marcela Esquivel: cómo es producir una película cubana

Marcela Esquivel siempre quiso contar historias, el cómo lo descubriría en el camino. “Una cosa ha ido a la otra. No es como que un día me levanté y ya”, dice sentada en la sala de su empresa La Feria Producciones.

La vocación la halló probando. Más específicamente: probando de todo un poco. Cuando enumeró lo que le gustaba —organizar, escribir, montar— se dio cuenta que la respuesta más lógica era ser productora. “Es un puesto que te permite aprender de todos”. 

Marcela es parte de una camada de productoras nacionales que hoy están haciendo mucho ruido: Laura Ávila, Karina Avellán, Karolina Hernández, por mencionar algunas. En su portafolio cuenta con películas como Princesas Rojas, El Baile de la gacela y Los Volátiles. Su producción más reciente es Agosto, con la singularidad de tratarse de un filme cubano. 

Unos cinco años atrás, se topó a Armando Capó en un taller cinematográfico. Capó, director cubano, había sido compañero suyo en la especialización de producción en La Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. Capó le propuso una película que quería hacer, se trataba de una historia enmarcada en la crisis de los balseros, durante el periodo especial cubano. 

Fotograma de la película ‘Agosto’. Imagen cortesía de Marcela Esquivel.

Marcela hizo lo que siempre hace cuando se topa un proyecto nuevo: lo leyó, lo visualizó, calculó si el boceto tenía la claridad suficiente como para alcanzar medios de financiación y, una vez que las luces dieron verde, asumió el puesto de productora. 

La película terminaría llamándose Agosto. La historia trata sobre Carlos, un joven que debe atravesar las turbulencias de la adolescencia en medio de la crisis migratoria más fuerte del régimen cubano. “Yo solo trabajo en historias que me interesan contar. Es muchísimo, el esfuerzo para hacer cine entonces tiene que ser una historia que me motive”, dice Marcela. 

—¿Qué te motivó de Agosto

—Muchas cosas, es una isla que quiero mucho, fue el lugar donde aprendí a hacer cine. Además tenía la oportunidad de armar un proyecto internacional. 

Marcela venía de sacar un programa de cooperación internacional en Canadá, así que la idea de montar una película entre distintos países le caía redondo.

—¿Cuáles fueron tus tareas como productora? 

—Pucha, la verdad es que de todo. 

Marcela se enroló en el proyecto como productora general cuando habían mínimos recursos. En estos casos —muy comunes en el cine tropical— el productor debe convertirse en un todólogo. Debe subir, bajar, cubrir, tapar, conseguir, multiplicarse, tocar puertas, recibir muchos noes, un par de síes, dividirse entre la parte creativa y organizacional. “Todo lo que se hace desde la producción y todo lo que se tuviera que hacer de otros departamentos que se necesitara y que estuviera en mis capacidades”. 

Marcela durante el rodaje de ‘Agosto’. Foto cortesía de Marcela Esquivel.

Marcela dio el acompañamiento creativo en el desarrollo de la historia, armó el equipo de coproducción al sumar una productora cubana y otra francesa, luego consiguió el apoyo de un productor ejecutivo en Los Ángeles. También se encargó de la aplicación de los fondos, de armar los portafolios, las propuestas, construyó un crowdfunding, acompañó el proceso de casting, se encargó de la dirección de producción en el set, las hojas de diálogo, traducciones, los cortes para enviar a festivales y la lista sigue. “Es algo que se me da muy natural, se me facilita la gestión, el conseguir cosas, armar las logísticas y entender las propuestas de dirección.”

—¿Cómo fue producir una película en el extranjero cuando no siempre tenés al director al lado? 

—Fue un gran ejercicio de paciencia y de confianza, sobre todo. 

Salvo algunos momentos durante el rodaje, ninguno de los miembros claves de la película coincidieron en un solo país. “Yo era la que conocía un poco a todo el mundo pero no todos se conocían entre sí”.

Además, gran parte de la coordinación debió hacerse por escrito: chats, correos, mensajes. “Llamar a Cuba es carísimo, no es muy estable y no siempre hay Internet, entonces el trabajo de coordinación y comunicación fue difícil. Algunas veces menos, algunas veces más”.

El ida y vuelta fue una constante: el rodaje se dio en la isla pero el centro de operaciones era Costa Rica. Marcela iba, se quedaba un par de meses, volvía un tiempo, luego salía de nuevo y aprovechaba sus viajes para asesorar paralelamente otros proyectos habaneros.

Equipo de trabajo de ‘Agosto’ durante la rotación. Foto cortesía de Marcela Esquivel.

El primer empujón importante que tuvo Agosto fue gracias al Festival de Cine de San Sebastián, ahí ganó en el Foro de Coproducción. A partir de esa ayuda los caminos empezaron a abrirse. Con altibajos, como todas las producciones, pero con un norte en la brújula. 

—¿Sentiste alguna diferencia entre producir una película costarricense y una cubana a la hora de tocar puertas? Tal vez la historia de Cuba está más universalizada.

—No te sabría contestar en base a hubieras, pero sí creo que logramos armar una buena historia que pudo haber sido cubana, costarricense, colombiana. Al final es una historia de migración y tenemos migraciones fuertísimas en todo el mundo. 

El filme tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) el pasado mes de septiembre. Después regresó a San Sebastián para tener su debut europeo y de ahí una seguidilla de diferentes países: Egipto, Estonia, Suiza, Noruega, entre otros.  

—¿Cómo ha sido el recibimiento de la película? 

—La verdad es que buenísimo, todas las funciones que hemos tenido han sido salas llenas. La gente se queda hasta el final, participa mucho en la sección de preguntas, tienen muchísima curiosidad sobre los personajes, sobre sus relaciones, sobre la historia y el contexto político. 

En diciembre por fin tendrá su estreno isleño en el Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. 

Fotograma de la película ‘Agosto’. Imagen cortesía de Marcela Esquivel.

—¿Cómo te sentís con el debut cubano?

—Para mí es un acto psicomágico. Hacer esta película es un poco esa graduación, devolverle a la isla tantas cosas. 

—Imagino que el tema de los balseros va a resonar mucho en el público cubano. 

—En Cuba la migración es un tema de cada casa. Cada familia tiene una historia así. 

—Son tiempos de menos censura, ¿pero no se toparon problemas con alguna autoridad por querer retratar un momento tan duro del periodo especial? 

—Al inicio fue difícil, costó mucho dar a entender cuál era nuestra posición. Fue un proceso de negociación y estrategia política muy cuidadosa. En cuba uno nunca sabe pero hemos intentado tener una comunicación muy directa siempre. Pero sí, por supuesto que la película la conoce El Partido y la conocen todos los dirigentes. Ahí no hay nada que se haga sin que se sepa. 

Por el momento Agosto continúa su circuito de festivales. Marcela espera que el próximo año la película pueda tener su estreno costarricense. “Son muchos años, nos costó tanto hacer esta peli que es un alivio estrenarla.” 

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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