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Sobre ver ‘El Irlandés’ en Netflix

El Irlandés es una experiencia de cine por los cuatro costados. No es sorpresa, por supuesto, cuando es una película de Martin Scorsese, probablemente el director activo que mejor representa los valores tradicionales del cine. 

En este caso, hablar de tradicional no necesariamente remite a una concepción arcaica del cine, sino de una obra concebida única y exclusivamente para este lenguaje, bajo el visionado de un director que está en absoluto control de lo que está contando: una historia anclada en personajes, con principio y final definidos, sin universos conectados ni secuelas y con actores dándolo todo. 

Alguno podría añadir también, con cierta razón, hecha para ser vista en una sala oscura, grande y sin pausas. El mismo Scorsese muy probablemente lo piense así. Pero El Irlandés, con todo y su director —fiel defensor del celuloide—, sus tres horas y media de metraje y el elenco de estrellas, le pertenece a Netflix. Es decir, es una película que será vista en un gran porcentaje a través del celular. 

No se puede negar, Netflix no era el destino deseado para Scorsese, pero era el único viable. Silencio (2016), su último filme antes de El Irlandés, recibió elogios de la crítica e indiferencia de las butacas: recaudó apenas la mitad de su presupuesto. Tras la debacle en taquilla, los grandes estudios tradicionales (Paramount, más notoriamente) se mostraron reacios al nuevo y quizás más ambicioso proyecto de Martin: El Irlandés, el cual necesitaba de un elenco de lujo y la costosa tecnología de rejuvenecimiento digital. 

Los actores Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci necesitaban encarnar a sus personajes durante un periodo de 30-40 años y Scorsese descartó la idea de tener a otros actores interpretando sus versiones más jóvenes. Con todas las puertas de los estudios cerradas, la necesidad tuvo cara de Netflix. El servicio de streaming fue el único dispuesto a poner los cientos de millones de dólares que necesitaba Scorsese para hacer la película como él quería, aunque esto significara sacrificar el número de salas y tiempo en cartelera. 

Joe Pesci (izquierda) y Robert De Niro (derecha) con la tecnología de rejuvenecimiento digital en ‘El Irlandés’.

Hablar de Scorsese es hablar de cine. Sus películas están hechas para disfrutarse en una sala. Aún así, debo admitir —como buen millenial— que de las trece películas bajo su filmografía que he visto, El Irlandés es la primera que experimento en sala. Irónicamente, es la única que su paso por los cines es apenas simbólico. 

Goodfellas la vi por primera vez a lo largo de dos días en la pantalla mediana de mi casa, Taxi Driver y Raging Bull, en mi computadora y Mean Streets, en el celular. La lista es larga y no solo incluye a Scorsese: por mis pantallas pequeñas han pasado Orson Welles, Alain Resnais, Stanley Kubrick, Sergio Leone, por nombrar algunos autores que nunca he visto proyectados en una sala oscura. 

¿Me hubiera gustado verlos en el cine? Sí. ¿Me arrepiento? No. No creo que la sala de cine esté sobrevalorada, muy al contrario, es un ritual que potencia la experiencia, pero sí considero que ver películas en la tele/tableta/celular está infravalorado. ¿Quién en 2019 no ha disfrutado a tope una película o serie en el teléfono? 

En una época donde las nuevas generaciones no añoran pantallas grandes, y en la que los estudios más tradicionales le dan la espalda al cine de autor, las plataformas de streaming se antojan como el mejor refugio. Aún con todas las distraccciones a la orden del día (mensajes, ruidos, luz) y el ambiente poco “cinemático”. 

El mismo Scorsese puede que no esté de acuerdo y probablemente el estómago se le revuelva un poco cada vez que se imagina a alguien viendo su película en el celular, boca arriba, en el sillón de la casa, dividida en tres partes. Pero en el fondo —y muy a la distancia— no lo veo como un viejo que le grita a una nube. Sus quejas contra el cine actual, específicamente el de Marvel, no van contra el medio sino la forma. 

En el artículo del New York Times, A qué me refiero con que las películas de Marvel no son cine, Scorsese defiende el cine como un arte que explora “personajes: la complejidad de las personas y sus naturalezas contradictorias y a veces paradójicas, su capacidad para herirse y amarse unos a otros y, súbitamente, enfrentarse a ellos mismos”. 

Y sí, después en el mismo texto menciona que pertenecen a las salas de cine, pero en su esencia, esas características que describe le competen a la obra, no al medio por donde se vea. La sala puede catalizar emociones pero no puede crearlas. 

Es innegable que El Irlandés está hecha para el cine, para disfrutarla en grande y sentir esa experiencia en conjunto que da sentar a doscientos extraños en un cuarto oscuro a ver una historia devastadora. Pero en la intimidad de la casa existe una vulnerabilidad diferente: estás en tu charco, ves la película cuando estás en el humor. En estas circunstancias, cuando la peli pega lo hace con fuerza porque lo hace en el único lugar donde no hay máscaras. Me atrevería a decir que la mitad de las mejores experiencias cinematográficas las tuve en mi casa, más específicamente: entre las cobijas, donde solo estábamos la película y yo. 

Va a sonar espantosamente cliché y qué pena terminar con un tono aleccionador, pero la experiencia de cine no depende de la sala sino del cineasta. Una buena película es una buena película en mi celular y en el Teatro Chino de Hollywood. El Irlandés lo es. Me he referido poco a ella pero sin duda tiene un asiento de oro en la filmografía de Scorsese. No voy a mentir, estoy ansioso por llegar a mí casa y volver a verla, esta vez en pijama, con teléfono en mano y debajo de las cobijas. 

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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