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Tito Oses: ‘yo vine al cine para quedarme’

Es muy fácil reconocer a Tito. En la premier privada de su película Todos somos Oscar viste un traje amarillo casual y en la espalda lleva escrito su nombre artístico: Tito Oses. También es fácil de reconocer porque está en todos los pósters: es el director, escritor, productor y protagonista del filme. 

Esta cualidad multifacética es una de la que hace alarde desde su etapa como músico (siete discos). No se considera cineasta, eso sí, prefiere decir que simplemente cambió de lenguaje, como lo había hecho antes con su brinco de la música a la pintura, la cual, dice, ha ejercido durante 25 años. 

“Estoy tranquilo”, comenta la noche del estreno comercial. “Yo dejo que las cosas fluyan, que el campo cuántico se encargue de hacer lo que tenga que hacer”. Pese a la serenidad, está consciente de la importancia que tiene el primer fin de semana para las películas nacionales: es el César que decide cuánto tiempo se exhibirá en salas. La película se estrenó el pasado ocho de agosto y está disponible en los principales cines del país.

Todos somos Oscar es su ópera prima y la expone con orgullo: “los premios dicen lo que la película ha hecho” (Mejor película en el Festival Internacional de Cine de Canadá y mejor actor masculino en el Beverly Hills Film Festival). Cuando se le pregunta por el cambio de la música al cine, responde que siempre ha estado ligado al audiovisual, sobre todo produciendo y dirigiendo videoclips. “Yo estudié actuación para teatro tres años en la universidad nacional, después estudié actuación para cine en Estados Unidos y teatro físico en Francia”. 

En Todos somos Oscar Tito se enfunda en tres personajes diferentes separados por tres actos independientes uno del otro. Su papel también es acompañado por las actuaciones de viejos conocidos como Álvaro Marenco y Thelma Darkings y el debut de Ricardo Ricky Gamboa. 

“Esta es una película para reflexionar” es la frase con la que más le gusta promocionar su filme. Cuando Tito empieza a hablar de su película se emociona y pocos lo pueden parar. A continuación la entrevista completa.

¿Cómo fue su iniciación cinematográfica con Todos somos Oscar? 

Todos somos Oscar empezó como un documental sobre personas sometidas a la reconversión sexual, sobre la reconversión de personas homosexuales en personas heterosexuales de una manera muy cruel. Esta “técnica” incluye la oración y el psicoanálisis para disminuir o erradicar el deseo sexual hacia personas del mismo sexo y eso trajo unas consecuencias serias, psicológicas y emocionales, en esas personas con un alto nivel de suicidio, incluso. Yo comencé con eso y dije: no, esto es una película y quise hacer una peli en tres actos. El primero habla sobre esto que te dije: la reconversión sexual, el segundo acto habla sobre lo que pensamos que somos, lo que creemos que somos ¿pero realmente somos eso? Esto se ve mucho en redes sociales. El segundo acto tiene más que ver con el teatro físico y el cine mudo que con cualquier otra cosa. El tercer acto trata de las bandas de narcotráfico y cómo fichan o seleccionan a personas, no importa la edad o el sexo; personas vulnerables, personas sin trabajo, personas que vienen saliendo de la cárcel, personas en drogas y cómo las endulzan y cómo las fichan como si fueran equipos de fútbol. A la hora de escribir el guión me dediqué a ver los actores. Yo escribí directamente los personajes para Thelma Darkings y para Álvaro Marenco, lo que me faltaba era el coprotagonista de la tercera parte. Yo descubrí a Ricardo Ricky Gamboa (parte del elenco de la película). Él llegó con un amigo a una fiesta familiar en la casa de mi madre. Ahí lo conocí. Él tiene muchísimas características de un actor de cine porque es una persona que utiliza muy bien su cuerpo y su gesticulación. En la película se ve. 

¿Nunca había actuado? 

Nunca en su vida. Yo lo entrené durante seis meses para este papel. Yo buscaba y buscaba actores pero no daba con la talla, no daba con quién hasta que lo encontré a él y pues hizo un gran papel en la película. Hay algo que hasta hace poquito estoy contando, de hecho hasta hoy logré contarlo de nuevo y es que yo no iba a actuar en la película, yo no iba a ser el actor principal.  

Justo eso le iba preguntar, ¿cuando diseñó a estos personajes no se visualizó como protagonista? 

No. Yo contraté un actor argentino con el cual ensayamos durante tres meses y faltando cinco días para la película me canceló por una enfermedad. Lo tuvieron que hospitalizar ese mismo día. Esa noche yo no dormí y al día siguiente fui a la reunión de producción con Gabriel Jiménez (asistente de dirección y editor) y Marco Carballo (director de fotografía) y yo les dije: faltan cinco días, tengo el catering, las locaciones, las luces, el equipo, todo, ¿qué hacemos? No podía contratar un actor a estas alturas porque tenía cuatro días para poder ensayar. Estaba tan bloqueado que no me había visto a mí mismo (como una opción) y ellos me dijeron: asumilo vos, Tito. Y pues lo asumí y la verdad es que ha sido una cuestión increíble para mí haber realizado esos papeles porque son personajes muy diferentes; están al límite. Después me puse a pensar cómo hubiera hecho para decirle todo esto que yo tenía adentro a este actor. Hubiéramos tenido muchísimas confrontaciones. Yo había escrito a estos personajes, yo los tenía interiorizados, los tenía totalmente afilados, tanto así que gané la Palma de oro en Hollywood (correción: mejor actor en el Beverly Hills Film Festival), una cuestión histórica, no solo para este país, sino para latinoamérica. Soy el único actor latinoamericano que lo ha ganado y para mí fue súper gratificante porque me ha llevado a otros papeles y otras cosas fuera de Costa Rica. 

Fue una vitrina importante, imagino. 

Sí, es una noticia que le dio la vuelta al mundo. 

Fotograma del segundo acto de ‘Todos somos Oscar’

¿Cuáles influencias cinematográficas tomó para producir Todos somos Oscar

Bueno, yo creo que tengo las influencias tradicionales de cualquier persona que hace cine. Tengo mucha influencia en lo que es la estética de (Robert) Bresson y su manejo del sonido; también tengo muchísima influencia de (Stanley) Kubrick en la manera de desarrollar a sus personajes que están al límite; tengo una gran influencia de esa voz en off que utiliza Woody Allen; muchísima influencia de esa libertad de hacer lo que nos da la gana que nos brinda (Emir) Kusturica. 

¿Encontró alguna ósmosis entre el proceso creativo de la música, la pintura y el cine?

Tienen ritmo, tienen texturas, tienen personajes, tienen musicalidad, lirismo, esa parte interdisciplinaria se ve reflejada ahí. Yo creo que a la hora de hacer cine utilizo muchísimos elementos de la música. Las canciones son síntesis. Con muy pocas palabras tenés que decir mucho. Tenés que usar estructuras poéticas y licencias que te podés dar para decir muchas cosas en muy pocas palabras. En la pintura utilizás el pincel para decir muchas palabras con colores y texturas y en el cine utilizás la cámara como un pincel y las palabras, en lugar de condensarlas, las extendés un poco más y las hacés mucho más literarias y mucho más extensas para obtener un lenguaje que sea más entendible a la hora de expresarlo. 

Su película toca temas sensibles de la sociedad costarricense, ¿qué tipo de investigación realizó y cuáles insumos tomó para crear estas historias?

Bueno, yo hice una labor de investigación entrevistando a personas homosexuales que fueron sometidas a esta terapia de reconversión sexual. Entrevisté a unas… no sé, unas dieciséis personas en Costa Rica. Una labor de investigación muy fuerte, también de muchísimas conversaciones que tuve con Marco Castillo, el presidente de la asociación LGBTI. También hice un estudio de masculinidades en el que tuvo una importancia relevante el director del Instituto WEM (Masculinidad, sexualidad y pareja), don Álvaro Campos. En la parte de guión tuve el asesoramiento de Alfonso Chase que es probablemente uno de los escritores más importantes de este país. Para el tercer acto lo que hice fue entrevistar a algunos de estos personajes de bandas de narcotráfico con los cuales compartí desde algún tiempo para realmente incorporar el pensamiento de ellos; toda esta cosmogonía que ellos tienen porque cada vez que van a delinquir ellos rezan el Salmo 27, rezan el Padre nuestro, se encomiendan a Dios, tienen sus propias vírgenes. Muchos de ellos andan el rosario, muchos se lo saben. Esta labor de investigación me llevó años para poder realizar esta película y converge en diferentes tópicos de la problemática social costarricense. Pero ojo: empieza como algo local pero se convierte en algo universal porque en otros países hay de lo mismo. 

En su película hay una evidente intención de mostrar la hipocresía religiosa. Me imagino que está fuertemente vinculada con esta época tan polarizada en la que vivimos. 

Alfonso Chase me llamó Nostradamus porque yo esta película la terminé antes de que aparecieran los pentecostales y antes que apareciera todo este desmadre que está pasando en Costa Rica. Cuando yo presenté la película ni siquiera había pasado la primera ronda electoral. Alfonso Chase me llamó y me dijo, ¿cómo te enteraste? ¿Cómo te diste cuenta? Pero bueno, los artistas somos la piel de la sociedad, la percibimos de otra manera y podemos ver qué podría pasar en el futuro. Es increíble, porque la gente me decía: puchica, estás dibujando una realidad, estás haciendo un retrato de lo que está pasando en Costa Rica y yo les digo: primero, yo escribí este guión hace unos cinco años y después terminé de rodar esta película y de editarla y ni siquiera Fabricio (Alvarado) estaba tan visibilizado. Yo decía: wow, cuando salga mi película la gente va pensar que me basé en todo esto que está pasando y no. En este momento tenemos una realidad histórica que se ve palpada en mi película. 

¿Siente una obligación como artista de realizar obras de denuncia o concientización?

Absolutamente. Si hiciera una comedia, tendría que tener denuncia esa comedia. El cine, para mí, es denuncia. Igual que la música. Mi manera de enfrentar el mundo y el cine es a través de la denuncia. Más en Todos somos Oscar que es una denuncia tácita. 

¿Piensa continuar su carrera en el cine? 

Yo entré en la pintura para quedarme y en la música estoy casi que desde niño; la guitarra era más grande que yo, imaginate. Entonces yo vine al cine para quedarme. Era una cosa que yo tenía ahí como atorada entre el pecho y la garganta desde hace muchísimos años. 

 

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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