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Unidos por el silencio: Entrevista al director Bernardo Mata.

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¿Sabés qué hacer con el silencio?

Francamente, no.

No pienso en el cortometraje así titulado, acerca de su protagonista, una joven maestra a la que vemos despertar y, en completo silencio, conducir sus asuntos diurnos, preparar un sencillo desayuno, envolverlo en papel aluminio, y dejarlos a un misterioso personaje, al que sólo se refiere con el nombre de “Amor”, al mismo tiempo que vemos breves escenas, quizá de un pasado distante, en la casa de dos adultos mayores. 

Sus diez minutos me han dado mucho qué pensar durante un buen par de horas, sin saber exactamente qué interpretación darle; pero eso siempre es una virtud en las mejores obras de arte. Pienso, más bien, en la entrevista con su director, y en el miedo irracional de no saber qué hacer si surgiera, eventualmente, algún silencio incómodo.

—¿Qué dice, Luis? –saluda una voz grave y cálida al otro lado de la línea—¿Todo bien?

—Buenas noches, Bernardo. ¿Cómo está?

Así de simple, toda la preocupación se desvanece. Reviso mis apuntes y la lista de preguntas que he preparado: Bernardo Mata Soto no es sólo  el director de ¿Sabés qué hacer con el silencio?, también es abogado y autor de un microrrelato que ganó el premio al Primer Finalista en el Certamen de Microrrelatos de la Editorial Costa Rica en 2012, mismo año en que estrenó su primer cortometraje. Bernardo Mata es autor de su propio libro de microrrelatos, titulado Los Barrios y las Esquinas, ilustrado por su propia mano. No me sorprende saber que escribió su primer cuento a la edad de siete años. Bernardo también es saxofonista y compositor y por algún motivo la voz parece encajar a la perfección con la fotografía y los datos biográficos que compartieron los organizadores del Festival. Se trata, por lo tanto, de un artista cuyo nombre, paso a paso, ha ido ganando su merecido reconocimiento en el ámbito de las letras, la música y el cine de nuestro país.

Y no podría ser de otra forma, pues como le ocurre a muchos cineastas, los intereses y talentos artísticos de Bernardo Mata abarcan una gran diversidad de áreas, como la fotografía, la música y la literatura. Sin embargo, al saber todo esto, pienso en la vocación esencial y fundamental de todo artista, sin importar cuál sea su disciplina, aquella necesidad que guía y nutre sus esfuerzos, y le pregunto:

—Bernardo, ¿de dónde vino su pasión por contar historias?

Bernardo no tarda en rememorar sobre sus orígenes.

—Mi mamá me enseñó a escribir –dice—, y apenas aprendí, sentí la curiosidad. Al ver las letras me preguntaba: “¿Cuál es esta? ¿Cuál es esta otra?”. Recuerdo que ella me enseñó cuál era la B de mi nombre, entonces puse dos Bs juntas y le pregunté: “¿Así es bebé?”, y me dijo que no: hacían falta las vocales. Ahí empecé a aprender, y apenas pude armar algo, escribí una historia, que por dicha se perdió, porque era malísima.

Sonrío. No es la primera vez que escucho a un escritor agradecido porque su opera prima ya no exista.

—No sé –continúa Bernardo—, lo que hace un niño al inventar cosas es parecido al trabajo de cualquier artista; creo que uno lo olvida de camino, pero realmente todos tenemos un poco de eso desde edades tempranas. Sentí la curiosidad y siempre me ha gustado hacer cosas: dibujaba desde antes y lo mantuve en el colegio, haciendo caricaturas; seguí escribiendo por ahí –a las novias que tenía—; luego me metí a un grupo, tocando saxofón. Siempre fui muy cercano a esas cosas, al arte en sus distintas formas.

¿Y el cine? Bernardo ofrece una genial metáfora para explicar las diferencias entre su generación y la mía a la hora de abordar la posibilidad de una profesión cinematográfica. Actualmente, quienes deseen dedicarse al cine, tienen todos los recursos necesarios literalmente al alcance de su mano. Pero para el joven Bernardo, compartir su deseo de dirigir una película podía sonar tan disparatado e imposible como si hablara de volverse marinero experto en fragatas y cruzar el Atlántico.

—En aquel momento –recuerda— estaba muy lejos de mis posibilidades; había que mandar a revelar a México o a Miami, pues aquí nunca hubo laboratorios de revelado. En algún momento tuve acceso a una camarilla de video casera y ahí empecé a hacer algunas cosillas con música, y a tratar de meterme más en eso, involucrando otras cosas en que ya me había metido.

Fotograma del cortometraje ‘¿Sabés qué hacer con el silencio?’

Imagino las condiciones en que el joven cineasta empezó a divisar el horizonte más allá del mar, y le pregunto cuáles fueron sus principales influencias durante ese proceso de crecimiento. Bernardo responde con humildad que su incursión en la literatura ha sido muy amateur, no pudiendo leer tanto como quisiera, a pesar de su gran amor por las letras; y en cuanto al cine, autodidacta. Pero detrás de su obra incipiente ha contado con la inspiración de Stanley Kubrick, Federico Fellini, Andrei Tarkovski, Emir Kusturica, Wong Kar—wai, Hou Hsiao—Hsien, e incluso Hayao Miyazaki.

—¿Hay ciertos temas particulares que le guste explorar en sus historias?

—Los trabajos que he hecho son muy diferentes, y cambian mucho de uno al siguiente, y eso me gusta, es una de las diferencias con un grupo musical, donde te amarras a una estructura: tenés teclado, guitarra eléctrica, bajo, batería y percusión latina; hay una estructura, porque es un proyecto de más largo plazo, el grupo ya tiene cierta identidad, que puede variar, puede explorar cosas, pero siempre sigue siendo el mismo proyecto. Pero en cine cada proyecto puede ser completamente diferente, es como hacer un grupo nuevo cada vez. El cine permite cambiar mucho de un proyecto a otro y eso realmente me gusta, porque refresca, es explorar algo diferente, otro ritmo, otros colores, otra historia, otro contexto. Tal vez puede haber algunas cosas comunes pero he tratado de variar y de explorar cosas diferentes.

Tal y como un grupo musical, Bernardo cuenta cómo, para su primer proyecto, exploraron haciendo música con objetos, sonidos de ligas, tubos y tarros, porque eran acordes con las características y la atmósfera del proyecto, y cómo eso cambió con su siguiente objetivo. No sin destacar, lamentablemente, un obstáculo muy común que suele limitar las ideas y deseos a muchas producciones.

—El cine tiene cosas hermosas, pero también tiene cosas que son complicadas y es por el hecho de ser caro. Por ejemplo, de vez en cuando yo escribo cuentos, donde puedo explorar muchísimas cosas, pero a la hora de hacer cine uno tiene un arma con dos o tres tiros y debe aprovecharlos porque cada proyecto es muy caro y hay que escoger muy bien en qué se quiere meter. Realmente escribo cosas que quisiera grabar algún día pero que sería muy caro; involucran atmósferas, climas, ciertos momentos que, tal vez, a la hora de grabar una película son posibles, pero pueden ser muy costosos. Digamos que ésa es la ventaja de la literatura: hay un gran margen para explorar y es muy barato, simplemente se ocupa la computadora. En el cine hay que escoger mucho, y dentro de esa exploración de la literatura, que me alimenta, la otra parte se trata de hacer lo posible, hay muchas cosas que se pueden hacer pero requieren un costo económico, esas son las dificultades.

Hace una pausa y continúa, con más optimismo.

—Pero el cine es un arte en sí mismo, creo que se alimenta de otros campos del arte, pero juntos pueden crear cosas distintas, algo donde uno más uno no siempre sea igual a dos, sino puede ser que uno más uno de tres y medio o algo diferente. Un guión no sólo es una historia escrita que se convierte en imagen y a la que se añade sonido, sino que esa historia escrita toma un montón de matices y profundidades al mezclarse con la actuación, la música, y todo eso lo convierte en algo muy distinto que sólo sus partes.

Fue luego de animarse a escribir y grabar un poco de sus ideas, y soñar con eso, cuando Bernardo descubrió que su sueño no era imposible de cumplir, y fue poniéndose retos de hacer cortometrajes, con la meta última de hacer un largometraje. Me es fácil ver que, a pesar de su formación académica como abogado, la fibra artística de Bernardo siempre estuvo ahí, esperando que diera el paso definitivo.

—¿Cómo fue ese proceso de incursionar en el mundo del cine de manera autodidacta?

—Creo que la carrera me dio herramientas para poder aprender de forma autodidacta, porque gran parte de la carrera es investigación de autores y libros, teorías, propuestas, y ésa misma tarea de mapeo puede suceder con el cine; cuando ves, por ejemplo, distintas teorías para dirigir actores, o ciertas teorías de fotografía, o distintos géneros. Ése entrenamiento de investigación es una herramienta que me ayudó mucho, y fue así porque comencé a investigar en libros de cine, algunos que mandé a traer, e incluso algunos de la Veritas. Y uno sigue tratando de leer e investigar para ir escogiendo lo que cree que le gusta o se acomoda más. Creo que no hay verdades absolutas; mucha gente tiene gustos diferentes, entonces creo que lo importante es encontrar qué es lo que uno siente que conecta y qué produce la atmósfera y espacio que uno quiere revelar al espectador.

Fotograma del cortometraje ‘¿Sabés qué hacer con el silencio?’

El resultado de este proceso de aprendizaje, que incluso involucró la participación de sus sobrinos en pequeñas grabaciones con su cámara casera, culminó con Alma Raíz, su primer cortometraje, estrenado en 2012.

—Para ese primer corto –explica— quise buscar la mejor gente, el mejor equipo, y tratar de hacerlo lo mejor que se pudiera, y aprendí mucho; hay cosas que pudieron haber sido mejores y hay cosas que me siguen gustando mucho al día de hoy. Creo que hasta en la imperfección hay mucha gracia. Hasta las imperfecciones dejan una marca en el tiempo y uno le toma cariño, porque es parte de la vida que uno dejó ahí.

Tuve el privilegio de verla en Facebook. Me pareció una historia fantástica tanto en género como en ejecución.

—Pura vida.

—Me pareció interesante la búsqueda del joven pintor para hallar, en primer lugar, la perfección de su talento, pero también, a un nivel más profundo, un mayor conocimiento de sí mismo. ¿Fue el cortometraje una exploración del arte, o más bien de cómo nos conectamos los seres humanos con el mundo?

—Sí, creo que hiciste una muy buena lectura, por lo menos muy cercana a la intención original del corto, porque sí, está esa parte del creador y su creación, y la búsqueda de los personajes Satro, Sod, y Satro ciego, que para mí, realmente son uno mismo, porque al final reencarna en él mismo. Y ésa es parte de la idea: mostrar al artista imperfecto, el artista magnífico que hace cosas maravillosas, y el artista magnífico que tiene sus limitaciones. Tres escenarios del artista. Y también que –incluso el nombre lo plantea— todos somos bifurcaciones de una misma raíz y estamos interconectados, entonces al final no hay una individualidad tal como a veces la pensamos o creemos verla.

—En 2016 estrenó su segundo largometraje, con el muy particular nombre de –si lo pronuncio bien— Mox Biriñaque.

—Sí, exacto.

—Yo no sabía, pero “biriñaque” es un postre panameño, ¿verdad?

—Sí, sí –responde Bernardo, entusiasmado—. Le dicen merengute o bienmesabe, lo hacen con arroz y es riquisisísimo.

—¿Cuál fue la conexión entre este postre particular y el protagonista?

—Es una palabra muy musical. Buscaba un apellido para el personaje de Mox, que es una deformación de “mop”, y simplemente apareció, no tuvo una búsqueda muy pensada sino que fue un apellido para un personaje de estas características.

—La filmación de Mox fue hecha en estilo guerrilla, similar a muchas producciones de Werner Herzog.

—Él sí lo hizo bien –comenta entre risas—, nosotros sí sufrimos un poquito.

Comparto su risa, por su modestia pero sobre todo porque me sorprende que alguien pueda afirmar que Werner Herzog –obligado a dirigir al desquiciado Klaus Kinski a punta de pistola—, le fue “bien”.

—Bueno –le digo—, yo pienso en Herzog filmando Aguirre o Fitzcarraldo, y en todas las eventualidades y locuras que le pasaron y que implicaban dicho estilo. Me pregunto cómo fue el rodaje para ustedes, al filmar de esta forma en San José, de noche y en esos lugares. ¿Transcurrió normalmente o se toparon con circunstancias complicadas o inesperadas?

—Sí, encontramos algunas cosas curiosas. El personaje, con su maquillaje, sí parecía de la calle y mucha gente se asustaba. Terminábamos de grabar y pasábamos a un bar a tomar algo para descansar, y nos decían que él no podía estar ahí.

Lo que más me asombra es cuando Bernardo cuenta una pequeña anécdota de David Calderón, el actor protagonista (cuyo personaje poseía heridas notorias), mientras estaba en el carro alistando unas cosas.

—En medio de todo este contexto –narra el director—, en medio de toda esta situación de que la gente le tenía miedo y se quitaba de la calle, en cierto momento, en una calle de Guadalupe, se acercó una chiquita, lo vio herido y le preguntó: “Muchacho, ¿le pasa algo? ¿Se siente bien?”. Para él fue un momento emotivo ver que había una chiquita que aún no tenía todo ese prejuicio y ese miedo.

—Qué impactante historia –respondo—. Creo que fue también en la página del corto donde explicaba que lo que más duele a las personas en estas condiciones no es la pobreza, sino el estigma social que cargan y la forma en que la gente los trata.

—Pues sí. Hay un artículo de un tocayo: Bernardo Kliksberg, que habla sobre los mitos de la pobreza y dice que uno de ellos es que a las personas pobres les duele no tener tales bienes o cosas nuevas, pero en realidad una de las cosas que más les afecta es la mirada de desprecio de los demás. Ése fue uno de los elementos temáticos que nos movió a llevar la historia, y realmente quisimos hacer al personaje un poco chocante; nos influenciamos por el esperpento, por Goya, para darle una imagen un poco deformada y pues, tratando de plasmar eso, como ese personaje extraño al que la gente le tiene ciertas reservas por su condición de la calle.

—La idea del esperpento es muy interesante, me recordó mucho a Ramón del Valle—Inclán.

—Ajá, sí.

—Incluso desde el nombre del personaje principal, Mox. No recuerdo cómo se llama la obra donde él lo introduce, pero el personaje se llama Max, Max Estrella.

Luces de Bohemia –interviene Bernardo—, creo que se llama.

—¡Luces de Bohemia, exacto! Me parece muy interesante esa conexión temática entre el cortometraje de Mox y la idea del esperpento de Valle—Inclán en su carácter al mismo tiempo paródico y crítico. Valle—Inclán dice que es una especie de espejo.

—Sí, un espejo que deforma, ésa fue una de las influencias que tuvimos. Había un riesgo, que era el de maltratar a las personas que sí están en una condición vulnerable, porque el corto tiene cierta estilización, pero tampoco estábamos haciendo cool la condición del habitante de la calle, ni utilizándolo de esa forma. Pero sí tiene cierta estilización, los colores de su vestuario se mezclan con un mural, Memorias de Nuestra Capital se llama —o se llamaba, porque lo taparon a puro grafiti—, que retrataba los momentos de las conquistas sociales de Costa Rica, y como parte de una cuestión simbólica que incluimos, éste personaje salía caminando en reversa, como una forma de decir que estamos echando en reversa en muchas cosas. Eran mensajes que queríamos dar con eso, y sí, era delicado por el tema, pero creo que al final sí se trata con respeto a las personas en esa condición y tiene no solo una estilización por sí misma sino un planteamiento que va por ahí lo que planteaba el artículo de Bernardo Kliksberg.

Fotograma del cortometraje ‘¿Sabés qué hacer con el silencio?’

Para Bernardo Mata, el cine, como forma de arte, funciona de manera similar al espejo descrito por Valle—Inclán, reflejando a la humanidad; sin embargo, considera que éste espejo siempre está atravesado por una mirada subjetiva, incluso si se trata de un documental, pues el arte es la realidad a través de los seres humanos. A partir de esto, le pregunto si el nombre de su productora: Efecto Caracola, podría interpretarse como una alusión a la tarea del arte de transformar o darle sentido a la realidad, y aunque podría parecer una pregunta capciosa, me baso en las propias palabras de Bernardo, quien en la página de Facebook de la productora, escribe: “A través del efecto caracola se convierte el ruido del ambiente en el sonido del mar”.

—Puede tener muchas interpretaciones –explica Bernardo—, tomar situaciones adversas, incluso dolorosas, y convertir cosas negativas en algo positivo, que es una obra artística al final. Ésa era como la idea del nombre: convertir el ruido en el sonido del mar.

Ahora que ya poseo un mayor entendimiento de este interesante cineasta, estoy listo para preguntarle sobre su obra más reciente: ¿Sabés qué haces con el silencio? Y lo hago de la forma más obvia y poco creativa:

—¿De dónde surgió la idea?

Por fortuna, la respuesta de Bernardo es mucho más interesante que mi pregunta:

—Yo tenía ese personaje recluido, andaba por ahí y lo estaba trabajando, y tenía otra historia sobre una maestra de escuela, y surgió la idea de unirlos. Comencé a hacer bocetos de la historia, comenzó a surgir una relación entre ambos, comenzó a surgir un pasado y una tensión entre ellos, y realmente esa historia es parte de un largometraje que quisiéramos hacer, eventualmente. El corto es como el inicio de la película, por eso no tiene un final demasiado concluyente, pero creemos que funciona como un corto en sí mismo, dice lo que tiene que decir y tiene una unidad. Pero sí, así fue como empezó.

—A diferencia de Alma Raíz y Mox Biriñaque, ¿Sabés qué hacer con el silencio? es más realista. Si bien hay elementos poéticos y simbólicos, está más anclado en la cotidianidad. ¿A qué se debe éste cambio estilístico?

—Creo que… Diay, no sé. Sólo sucedió. Así es como la historia fue apareciendo, y a la hora de escribir el guión está el tema de la coherencia entre todo, entonces por el diseño mismo de la película estamos creando un mundo con ciertas reglas, y dentro de ésta coherencia y éstas reglas hay cierto margen para cosas que no son tan realistas. Por ejemplo, meter al mae éste al techo; vos podrías decir: “Tal vez eso no es tan realista”. A la hora de plantear en el guión la vida normal de la muchacha, y cómo se desenvuelven los hechos y lugares, se crea un universo en el que se debe tener cuidado para introducir ciertos elementos, sin que parezca como un trasplante extraño de otra cosa. En Alma Raíz tenés una situación y un mundo diferentes, y hay un gran margen para incluir cosas por el propio diseño y concepto del trabajo. Pero en éste incluso hay una ubicación temporal, que es 2011, a partir de esto hay un contexto un poco más realista, además de la realidad de la producción. Son distintas cosas que te presenta el proyecto y que te van marcando la cancha de cierta forma, y en ese contexto jugás para ir desarrollando la historia y agregando los elementos, que era como lo que hablábamos sobre la literatura: Si no tuviera que filmar la casa, sino que la tengo escrita, puedo decir que hay unos rinocerontes atrás en el patio, porque tengo un margen para hacer cosas diferentes, pero parte de lo que es producir una película es saber cómo agarrar lo que se tiene a mano.

—¿Qué es el silencio, según el cortometraje?

—Es una gran pregunta. ¿Qué es el silencio? Es una pregunta complicada, como lo que llaman kōan en el budismo, preguntas para meditar, analizar la pregunta y posibles respuestas, aunque muchas veces es difícil acercarse a una respuesta racional. El silencio es como un espacio donde uno se encuentra con voces interiores y las propias ideas. De ahí viene la pregunta sobre qué hacer, si seguir a la voz que lo llama a uno a anclarse en el pasado, o realmente reconocer cosas de uno mismo, verlas un poco desde afuera y ser consciente de ellas, y puede convertirse en una forma de ventilar un poco por dentro y, en fin, de algo positivo. El silencio puede convertirse en eso. Parte de lo que tiene el personaje que está en el techo es que está en una espiral de silencio y eso es como parte de la patología que sufre la gente que se aísla de esta forma. Se les conoce en Japón como hikkikomori, gente que le deja de hablar al compañero, al vecino, al hermano, y se va en una espiral de silencio de una forma perjudicial que los engancha a cosas negativas de sí mismos y los aísla del mundo. En cambio, en cierto momento, el personaje de Cristina pasa sus momentos de silencio y se enfrenta a cuestiones del pasado, y en cierto punto decide dar pasos hacia adelante; ella toma el silencio de una forma diferente. Ahora, también está el silencio entre ellos, que no haya comunicación y que todo sea a través de esta canasta, ¿qué haces vos con una persona con la que vivís en silencio? Es una pregunta amplia.

Fotograma del cortometraje ‘¿Sabés qué hacer con el silencio?’

—Incluso la respuesta da para más preguntas, porque si el mismo silencio puede funcionar de forma distinta para diferentes personas, ¿de qué depende esta ambivalencia?

—Creo que al final depende de una intención y de una decisión de la persona. Te quería comentar sobre el tema del presente, éste tipo de silencio a veces involucra la soledad, porque, por ejemplo, uno va de paseo con amigos a la montaña, y cuando vas con los amigos a la montaña vas hablando y todo el recorrido de tu mente está en lo que están hablando y en esas otras historias que no son el presente. En cambio, en el silencio, en soledad, uno puede ser consciente del paso que está dando, de sentir el frío del aire fresco de la montaña, escucho el ruido, insectos, entonces ése silencio de la consciencia del presente sí implica cierta soledad, una soledad que puede ser positiva también.

A partir de esto, le pregunto si el duelo por el pasado puede ser otro de los temas principales, y Bernardo me responde con un adelanto del largometraje, donde es más notorio el trasfondo de un pasado mejor para los protagonistas, cuando convivían con sus abuelos, cuya presencia no sólo les unía sino que abrigaba con amor y alegría, pero tras su partida, ambos quedaron como náufragos en lo que solía ser su hogar, con una gran dificultad para lidiar con el vacío que es su relación mutua. Yo noto el gran detalle con que Bernardo representa este cambio del pasado al presente, por medio de la iluminación y la comida, y comento que todo eso sirve para construir el tema irónico de que estos dos personajes están, paradójicamente, unidos por su separación.

—Creo que es una frase bonita que decís –responde—, que están unidos por una separación. Creo que es muy… Diay, mae, eso sería hasta el logline de la película, porque sí, lo dijiste muy bien, “unidos por la separación”.

—Si de algo les sirve –le digo entre risas—, adelante.

—Pura vida, mae, pura vida.

—¿Qué diferencias y similitudes habrá entre el cortometraje y el largometraje?

—Creo que bastante, porque lo trabajamos para largo y con la “prueba” sí quedamos contentos. Pienso que sería bastante cercano, aunque con la idea del largometraje, obviamente, hay un desarrollo y otras cosas que van evolucionando, pero en cuanto a nivel de imagen y, digamos, la actuación de Natalia, estamos realmente muy contentos, y a nivel de arte la idea es que sea bastante parecido. Por supuesto, uno siempre va a querer mejorar cosas, pero creo que ya estamos en un punto donde lo que venga es ganancia.

—Tomando en cuenta las condiciones tan locas que nos puso la actual pandemia, ¿para cuándo estaría listo el largometraje?

Bernardo ríe seriamente.

—Desde el momento –dice— en que alguien me de ciento cincuenta mil dólares, digamos que un año y medio después.

También río, pero comprendo tan bien como él que se trata de un asunto serio, especialmente en la actualidad.

—El tema es el financiamiento –explica Bernardo—. Quisiera pensar en una fecha, pero no sé qué decirte. Todo se ha puesto tan enredado ahora, tan incierto, que di, no quisiera como darte una fecha mejor, mae.

—Claro.

—Yo pensaría que 2022, tal vez.

Me queda preguntarle si hay algún otro proyecto en que esté trabajando.

—Sí –responde— ahorita estoy en uno, precisamente. Digamos que es más a la medida de la pandemia, una cosa más pequeña y más barata, un poco más experimental— Se llama Fidelia, y espero que sea un trabajo de unos cuarenta minutos. Estoy siguiendo un método, una fórmula un poco más libre, incluso explorando a través del sonido con el sonidista Sergio Gutiérrez. Vamos a ver posibilidades de grabar sonidos distintos, y llegamos al punto de grabar sonidos acuáticos, que era una opción interesante. Entonces eso está alimentando las notas que estoy tomando para la historia, que seguramente también será sobre una muchacha que está en cierto momento de recuperación, y hay un mae que la acompaña en ese proceso. En este momento no hay como un plot definido, o un final muy claro, pero creo que parte de la gracia es irlo descubriendo, incluso empezar a grabar cosas, editar, y luego ir descubriendo por dónde nos puede llevar. Es riesgoso, pero creo que, en el peor de los casos, puede quedar como un videoclip de cuarenta minutos.

—Suena fascinante.

—Habrá mucha música –asegura—, eso sí.

Me despido de Bernardo satisfecho, honrado de haberlo conocido, y aliviado de que en ningún momento hubo silencios incómodos.

—Bueno —digo—, las cosas buenas requieren paciencia y vale la pena esperar.

—Pura vida —responde amablemente— Muchas gracias.

 

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Luis Acosta Casanova [email protected]

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