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Valentina Maurel, tica que repite en Cannes: ‘Va a haber un boom’

La voz de Valentina cruza el Atlántico desde París para ironizar sobre ella misma: yo era la muchacha esnob del colegio, dice con un risa complaciente. 

Ese esnobismo del que hoy se ríe —anidado en una familia artística y alimentado por una cartelera de estilo art house que devoraba desde la televisión de su casa— fue creciendo, empujando, mutando hasta convertirla en una de las promesas más importantes del cine nacional.

Valentina decidió estudiar cine a través de un proceso similar al de una ecuación: tomó a su padre (pintor), a su madre (actriz), los sumó con su sensibilidad por la escritura y las artes gráficas y el resultado —la conglomeración de sus gustos, como ella dice— le dio cine. A los diecinueve años, aprovechando su condición de francotica, se fue a Bélgica a iniciar sus estudios. Allí se quedó una década.

Hoy, sin haber estado nunca proyectada en una sala comercial costarricense, Valentina Maurel puede alardear —aunque no lo hace— de que ya ha formado parte del prestigioso Festival de Cannes en dos de los últimos tres años.

Su proyecto de graduación, el cortometraje Paul est là (Paul está aquí) ganó el premio de la Cinéfondation de Cannes en 2017. Este galardón tiene la recompensa de que su primer largometraje —cuando lo realice— será estrenado en Cannes. Sin embargo, Valentina no tuvo que activar su premio para regresar: hace escasas semanas concretó su segunda participación en el festival francés con el corto Lucía en el limbo —proyectado en La semana de la crítica—, en el que volvió a Costa Rica para filmar.

Lucía en limbo trata sobre una adolescente que a sus 16 años todavía no le ha llegado la regla, tiene piojos y es la última virgen de su clase. La ansiedad por solucionar sus “problemas” la lleva a tomar un atajo abrupto hacia la vida adulta.

Entre su palmarés, la emergente cineasta también cuenta con el Premio del Jurado del Festival shnit San José 2017 con el cortometraje Paul está aquí, en la categoría Made in Costa Rica.

Sentada desde una cafetería parisina, Valentina Maurel nos comenta sobre su visión, Cannes, futuros proyectos y el panorama del cine nacional.

¿Cuáles historias te gusta contar?

Me gusta el cine de personajes. Me gusta concentrarme en toda la dimensión humana y disfuncional que tienen, sobre todo a través del cuerpo: personajes que huelen mal, que tienen erecciones en momentos inoportunos, que tienen piojos o que están intentando responder a sus deseos o a su sexualidad. Historias sobre la intimidad de los personajes pero con una mirada un poco cruda. Lo más desacralizada, mejor.

¿Cómo surge Lucía en el limbo?

Lucía en el limbo surge como un deseo mío de filmar en Costa Rica. Llevaba diez años viviendo en europa y quería volver y grabar algo allá (Costa Rica). Lo primero en lo que pensaba cuando pensaba en Costa Rica era en la adolescencia. Yo me fui a los 19 entonces creo que de ahí surgió el deseo de hablar de esa etapa. No es autobiográfica pero la hice pensando en todos esos complejos y los años horribles con espinillas y todas esas cosas.

Recuerdo una entrevista tuya en la que recalcabas la importancia para el cineasta de encontrar una identidad. ¿Cómo vas en esa búsqueda de tu voz?

Siento que a pesar de las diferencias (entre los dos cortometrajes: Paul está aquí y Lucía en el limbo) hay puntos comunes que son los que creo que terminan por definir cuál es mi voz. Obviamente no la he terminado de encontrar, a veces el cineasta pasa su vida entera tratando de buscarla. Lo que permanece (en su obra), a pesar de las diferencias de país y de estilo, es el deseo de concentrarme en personajes de manera no idealizada y concentrarme en lo que es la experimentación del deseo y el cuerpo. 

Lucía en el limbo es sobre esta muchacha tratando de descubrir quién es y qué se espera de ella con todas las congojas en incomodidades que conlleva la adolescencia, ¿hay alguna intención medio meta o algún paralelismo entre tu búsqueda como cineasta y la de Lucía como persona?

Probablemente sí, pero no estoy muy conciente de eso. No es voluntariamente meta, pero obvio siempre hay una dimensión muy personal. Cuando escribo un personaje me baso en cosas que conozco. Lo que sí es un poco meta es la manera en que decidí filmar en Costa Rica: fue como una excusa que encontré para volver. La película me obligó a regresar a mi colegio y hablar con viejos compañeros. Mis pelis tienen una relación interesante con la vida: la ficción es lo que me permite a veces tener una relación con la realidad y la memoria.

¿Usás el cine como una herramienta para conocerte a vos misma?

Para mí el cine es una herramienta fundamental para entender la vida, la sutileza y la complejidad de las dinámicas humanas. Eso es lo que me motiva a querer escribir historias e intentar tener personajes que sean reales, que no sean idealizados o clichés o ideológicos. Entonces sí es una ventana para mí; es una búsqueda.

Hace un par de años dijiste que querías venir y descubrir lo que era ser una cineasta tica, ya tuviste una primera aproximación con Lucía en el limbo, ¿cuáles similitudes y diferencias encontraste entre realizar aquí y en Europa?

Esa es una idea que yo tenía, desgraciadamente no estoy segura aún de lo que significa ser una cineasta tica y sé que seré extranjera siempre a donde quiera que vaya, lo cual es interesante. La diferencia está en que en Europa hay infraestructura y es más cómodo poder financiar cortometrajes. Eso hace una real diferencia. En Costa Rica se necesitan esas estructuras, hay que luchar más. Por otro lado (en Costa Rica) hay una historia más fresca del cine y esto da una cierta flexibilidad artística en el que uno se siente en un terreno más virgen y eso es muy estimulante; es lo que a mí me gusta. Pero la dificultad está en el hecho de que no hay una ley de cine o una estructura de financiamiento para que uno como joven cineasta pueda explorar.

Contame un poco sobre el próximo largometraje en el que estás trabajando (El jardín en llamas): ¿Cuáles temáticas y facetas tuyas querés explorar con este filme?

Lo que voy a filmar de nuevo en Costa Rica, es la historia de una jovencita que descubre y explora el deseo sexual. Quiero hablar desde una perspectiva muy íntima y a la vez desdramatizada de esa etapa de la vida. Quiero incluir todas esas dificultades y contradicciones a las que se enfrenta una jovencita cuando se le impone una cierta imagen de la feminidad y el sexo. Es un tema similar al del corto (Lucía en el limbo) pero esta vez con más profundidad y personajes. Quiero deshacerme de esa lógica mía de tener un solo personaje principal y esta vez explorar una dinámica más familiar.

¿En qué etapa está?

Todavía estoy escribiendo el guión. Ahí vamos.

¿Sería un coproducción entre Costa Rica, Bélgica y Francia igual que Lucía en el limbo?

Sí, yo soy francotica pero viví diez años en bélgica, entonces esa es una estructura que me es coherente a nivel de identidad.

Te interesa mucho hacer cine que viene desde adentro, de corte muy personal ¿Cómo asumís ese reto de mantenerte fiel a vos misma cuando te van a caer muchos focos y además sabés que tu primer largometraje va a ser escudriñado en Cannes?

Intento no pensar en eso tanto porque cuando recibí aquel premio en Cannes fue muy paralizante y me dio miedo no poder superar esa expectativa. Yo sí creo que mientras uno más indaga en lo singular y en lo íntimo, más se puede alcanzar cierta universalidad. Yo creo hay que hablar de lo que uno conoce íntimamente. Intento no pensar en Cannes y pensar más bien en la integridad de la peli. No todos los días lo logro, pero sí creo que hasta ahora es lo que más me ha ayudado.

Esta fue tu segunda experiencia en Cannes, ¿cómo viviste esos días en comparación con la primera vez que fuiste?

Por dicha esta vez iba un poco más preparada, fui más tiempo. A pesar de eso fue un torbellino de emociones. Conocí mucha gente y a pesar de que estaba más preparada siento que Cannes permanece en mi mente como un recuerdo un poco grumoso. Es una clase de sueño extraño pero bonito.

Con Lucía en el limbo, Valentina experimentó un regreso a una etapa de la vida que siempre asoció con Costa Rica.

Este año tuvimos el hito de contar con doble representación costarricense en Cannes, ¿podemos hablar ya de un boom concreto en el cine tico o sería muy apresurado?

Yo no diría un boom, pero el terreno está listo para que suceda un boom. Esto es señal de que algo está pasando y es innegable. Hay una cosa generacional, hay más personas jóvenes y muchas mujeres que están haciendo un cine interesante y creo que las instituciones culturales tienen que estar listas porque algo va a pasar. Como país tenemos que estar preparados para poder darle importancia a lo que está sucediendo: hay que apoyar al cine, estar atentos. Va a haber un boom.

¿Parte de estar listo es contar con una ley de cine?

Exacto, tener ley de cine. Y financiar cortometrajes porque ahí es donde aprenden los cineastas jóvenes. Los cortos tienen que democratizarse y tener más vitrinas. Hay que abrir más salas de cine  tipo art house.

¿Qué debería cumplir una eventual ley de cine?

Tener más financiamiento e incentivar más convenios de coproducción internacional. Yo voy a coproducir con Francia y Bélgica (con El jardín en llamas) pero para que pueda ser una coproducción verdadera con Costa Rica, el país tiene que aportar cierto porcentaje del presupuesto global de la película y ahorita con los fondos con los que contamos es muy difícil alcanzar el mínimo. 

El tiempo mínimo en pantalla también suele ser uno de los temas principales…

Sí, también, absolutamente. No es lo primero que digo porque yo nunca he estado siquiera proyectada en una sala comercial en Costa Rica, pero sí, sin duda. Las pelis (nacionales) tienen que poder estar más tiempo en salas sin estar compitiendo con X-Men. O sea, en esas circunstancias obviamente que el cine local pierde. Hay que podérselo llevar al público tico y darle un estatus privilegiado para que la gente tenga la oportunidad de poder ver las pelis.

Luis G. Cardoce [email protected]

Periodista y productor audiovisual especializado en temas de cultura y sociedad.

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